Cineclub 35mm: el cine como refugio, comunidad y acto político
Entrevista a Cineclub 35mm, proyecto colectivo, queer y feminista friendly
Cineclub 35mm: el cine como refugio, comunidad y acto político
Entrevista a Cineclub 35mm, proyecto colectivo, queer y feminista friendly

Desde el alto valle, cuatro estudiantes construyeron un espacio donde ver una película es también encontrarse con otros, explorar lo que uno siente y descubrir que la cultura puede existir sin pedir permiso.

"Existen personas que siguen apostando al arte y que éste permita conmover y crear lazos de contención y encuentro."

Todo empezó con una pregunta simple: ¿qué faltaba en Roca? Carolina Pérez, estudiante de Sociología en la UNCO, tenía una respuesta clara. Faltaba un espacio donde la juventud pudiera encontrarse con el cine de verdad — no en una plataforma, no sola en casa, sino en sala, con otros, compartiendo por primera vez algo que quizás iba a cambiar algo adentro.

De esa inquietud nació el Cineclub 35mm. Lo que empezó como un cineclub universitario se fue transformando en otra cosa: un proyecto colectivo, queer y feminista friendly, sostenido por cuatro estudiantes que aprendieron sobre la marcha que hacer cultura desde los márgenes es también una forma de resistencia.

Hoy el equipo lo integran Carolina Pérez (Sociología, UNCO), Candela Bustamante (Audiovisuales, IUPA), Catalina Del Prado (Diseño Visual, UNRN) y Victoria Vilcavil (Diseño de Interiores, UNRN). Cuatro miradas distintas que confluyen en una misma convicción: "que a través del cine también podés explorar tus sentimientos y pensamientos. Que el cine acompaña y resguarda."

El ciclo como forma de pensar

Desde el primer día, la curaduría fue el corazón del proyecto. La idea era simple pero poderosa: no programar películas sueltas sino agruparlas bajo un concepto, darles un nombre que atrape y construir así una experiencia con hilo conductor.

El primer ciclo lo dejó todo claro. Se llamó "Judas traicionó primero, después yo" — y reunió Nueve Reinas, Trainspotting y Shallow Grave bajo una misma lógica: el robo, la traición entre amigos y la crisis social como telón de fondo. La Inglaterra de Thatcher y la Argentina de Menem en una misma noche de cine.

Desde entonces los ciclos se fueron multiplicando: Ira Femenina, Las Mujeres en las Películas, Cine LGBTQ (con dos ediciones), Road Trip, Halloween, Cine Argentino, Un Verano de Película, San Valentín. Cada uno con su nombre, su selección y su propio universo. "Primero aparece el concepto", explican, "y desde ahí buscamos las películas que lo habiten."

Lo que pasa en la sala

Hay algo que el Cineclub genera que ningún algoritmo puede replicar: la experiencia compartida. Risas en el momento exacto. Suspiros simultáneos. Murmullos después de una escena que nadie esperaba. La sensación de estar en un lugar donde algo importante está pasando  y de estar ahí con otros que también lo sienten.

"Lo que gana y lo que genera el Cineclub es la experiencia, más que la película", dicen. Y lo demuestran en cada detalle: la entrada física con una foto del film como souvenir, los stickers del ciclo, un bar accesible y amigable. La gente vuelve porque se siente como en casa. Y recomienda el espacio porque es seguro para la comunidad LGBTQ+, para las mujeres, para cualquiera que necesite un lugar donde simplemente estar.

"Son espacios que nosotras abrimos y que otros deciden cuidar, pertenecer y recomendar."

Sostenerse en un contexto horripilante

No hay financiamiento institucional. No hay subsidio ni estructura que las respalde. El Cineclub se sostiene con la venta de entradas, festivales que organizan para generar fondos y, a veces, la ayuda de sus propias familias.

"Es difícil partiendo de la base de que estamos en un contexto económico y político súper frágil y horripilante", reconocen sin rodeos. Pero esa dificultad no las detiene, las define. Porque apostar al arte en ese contexto no es ingenuidad: es una postura.

Y esa postura se expande. El Cineclub abre festivales donde tocan músicos emergentes, exponen artistas visuales por primera vez y se presentan cortometrajes que en otros espacios no tienen lugar. "En otros espacios culturales no hay una agenda que los incluya. Entonces ahí aparecemos nosotras."

En el Alto Valle, el Cineclub 35mm ocupa un lugar que nadie había pensado ocupar: el de la cultura sin discriminación, hecha por jóvenes para jóvenes, en un espacio que se siente propio porque lo es.

La juventud del Alto Valle necesita refugios. Este es uno de los más honestos que existen.

Instagram:
@cineclub.35mm

Escrito por:

Revista CUAD

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