Marina Hernalz
*MINIBIO
Marina Hernalz nació en Choele Choel y hoy vive en Villa La Angostura. Entre esos dos paisajes patagónicos se fue construyendo una obra que mezcla ilustración, set design y cocina con una lógica que ella misma define como seguir la curiosidad. Su paleta es reconocible, su mirada está puesta en lo cotidiano — una mesa puesta, un viaje, la textura de un mantel, los hongos que aparecen en el bosque después de la lluvia — y su trabajo tiene la marca de alguien que aprendió a mirar antes de aprender a dibujar. Estudió Artes Plásticas en la UNLP y hoy forma parte del Mercadillo Gráfico Patagónico y del Mesón Itinerante. Tiene un sello editorial en camino. Y siempre, dice, mil proyectos dando vueltas en la cabeza.

¿Quién es Marina antes de ser ilustradora? ¿Cómo llegaste a construir un universo que mezcla ilustración, set design, cocina y tatuaje — y qué une a todas esas disciplinas?
Soy una persona muy curiosa y observadora. Siempre me gustó mirar cómo se construyen las cosas, desde los objetos y los espacios hasta las imágenes, la comida o esos pequeños rituales que forman parte de la vida cotidiana. También me gusta mucho viajar y conocer otros lugares, otras culturas y otras formas de vivir. Me interesa descubrir cómo cambian los colores, los sabores, las texturas, las costumbres y las maneras de habitar un lugar. Creo que todo eso alimenta mucho mi manera de mirar y de crear. Incluso antes de ser ilustradora tenía una forma bastante visual de relacionarme con el mundo. Me gusta mucho hacer cosas con las manos, cocinar, hacer cerámica, pensar un espacio, armar una mesa o imaginar cómo se siente habitar un lugar. Con el tiempo fui entendiendo que todas esas cosas tienen algo en común: la posibilidad de crear una atmósfera y contar algo a través de los colores, los objetos, las texturas y los pequeños detalles. Creo que por eso también fueron apareciendo dstintas disciplinas . No fue algo demasiado planeado, sino más bien ir siguiendo la curiosidad y las ganas de probar distintos lenguajes
PROCESO CREATIVO
Tu obra tiene una paleta muy reconocible y una mirada muy particular por lo cotidiano: la comida, las mesas puestas, los paisajes quietos. ¿Cómo nace una ilustración tuya — primero aparece el color, la escena, la emoción?
Primero aparece la escena. Muchas veces es algo de mi vida cotidiana que me llamó la atención: un lugar, un sabor, un paseo o incluso la textura de la tela de un mantel. Me gusta mucho observar esas pequeñas cosas y encontrarles algo que me den ganas de guardar. El color también es muy importante para mí. Cuando viajo, por ejemplo, muchas veces saco fotos de paletas de colores que encuentro en los lugares, en una calle, una casa, o simplemente en una combinación de cosas que me llamó la atención. Después vuelvo a esas fotos y voy recordando esos momentos y armando nuevas imágenes a partir de ellos. Es como una forma de guardar no solamente el lugar, sino también cómo se sintió estar ahí. Muchas veces no sé exactamente qué quiero hacer hasta que empiezo a dibujar, y la imagen se va armando en el proceso. Creo que me gusta transformar momentos muy simples en algo que tenga una cierta atmósfera, que pueda transmitir una sensación.
TERRITORIO
La Patagonia aparece en tu trabajo de maneras distintas, a veces como paisaje explícito, otras como atmósfera. ¿Qué te da este territorio que no encontrarías en otro lado?
La Patagonia para mí tiene una conexión muy personal, porque nací en Choele Choel y gran parte de mis recuerdos de chica están ligados a la naturaleza y a esa inmensidad que había alrededor. Creo que muchas de las cosas que hoy aparecen en mi trabajo vienen de ahí, incluso sin que me dé cuenta. Hoy vivo en Villa La Angostura, así que de alguna manera sigo eligiendo estar cerca de un paisaje inmenso y de esa forma de vida. Me gustan mucho los pueblos, la naturaleza y observar cómo cambia todo con las estaciones. Me sigue asombrando cuando nieva, cuando pasan días enteros de lluvia, cuando aparecen hongos en el bosque o cuando de repente encuentro una flor o una planta que no había visto antes. Me fascina esa sensación de que la naturaleza está constantemente haciendo cosas asombrosas. Creo que esa curiosidad y ese asombro también aparecen mucho en mi trabajo. La Patagonia está presente en mi obra, es un lugar que forma parte de mi historia, pero también de mi presente, y siento que todavía tengo muchísimo por descubrir ahí.
HACE COMUNIDAD
Sos parte del Mercadillo Gráfico Patagónico y del Mesón Itinerante. ¿Qué significa para vos construir desde lo colectivo y desde la región?
Para mí es muy lindo poder construir desde la región y compartir con gente que también está creando, haciendo y pensando cosas acá. Creo que vivir en la Patagonia te da una mirada particular, atravesada por el paisaje, las distancias, el ritmo y las formas de relacionarnos con el lugar.
El Mercadillo Gráfico Patagónico y el Mesón Itinerante tienen un poco de eso: la posibilidad de encontrarnos, compartir lo que hacemos, cruzarnos con otros proyectos y generar algo entre todes. Me gusta mucho la idea de que no todo tenga que suceder en las grandes ciudades o en Buenos Aires para tener valor, para circular o para encontrar un público.
Hay muchísimo talento, creatividad y proyectos interesantes en la Patagonia, y para mí ser parte de estos espacios también es una manera de aportar a la construcción de una escena propia: más cercana, más colaborativa y conectada con el lugar donde vivimos. Creo que hay algo muy potente en poder crecer y crear desde acá, sin sentir que necesariamente tenemos que mirar hacia afuera para validar lo que hacemos.
LO NUEVO
¿En qué estás trabajando ahora? ¿Hay algo más que quieras contarnos sobre tu trabajo o lo que viene?
Ahora estoy trabajando en varias cosas que me tienen muy entusiasmada. Con Gise, una amiga diseñadora gráfica y encuadernadora, estamos trabajando en un libro de cocina de una cocinera de Villa La Angostura cuyo trabajo admiro. Es un proyecto que disfruto especialmente porque vuelve a unir varias cosas que me interesan: la cocina, la ilustración, los libros y el trabajo artesanal.
También estoy dibujando sobre un último viaje, como una manera de registrar los lugares, los colores y los momentos que me fui encontrando. Para mí, el dibujo también es una forma de guardar lo vivido y de volver a mirar esos lugares desde otra perspectiva.
Y, junto con Mariana Rizzutto, estamos comenzando nuestro propio sello editorial, Dos Golondrinas, un proyecto que me entusiasma muchísimo y que recién está dando sus primeros pasos.
Además, tengo muchas ganas de seguir desarrollando proyectos vinculados a la cocina.Siempre tengo mil proyectos dando vueltas en la cabeza que muchas veces no llego a concretar, pero también siento que esa curiosidad y esas ganas de probar cosas nuevas son parte de mi manera de trabajar. Creo que lo que viene tiene que ver con seguir explorando, haciendo cosas con otros y encontrando nuevas maneras de transformar todo eso que me inspira en algo concreto.
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