Keila Guevara
*MINIBIO
Fotógrafa y Licenciada en Artes Audiovisuales nacida en Neuquén (2000) y residente en General Roca. Cuenta con una diplomatura en Gestión de Proyectos Culturales (Públicos, Audiencias y Comunidades), uniendo la mirada técnica y sensible de la imagen con la gestión cultural participativa.

Para quienes todavía no te conocen: ¿quién es Keila detrás de la cámara? ¿Cómo llegaste a la fotografía y qué fue lo que te hizo quedarte?
Nunca fui capaz de discernir entre la Keila que trabaja y la que no, si bien mi rubro está sobre todo dentro del área audiovisual, soy una enamorada del arte en general. Eso está presente en mí constantemente, cuando prendo la cámara quizás solo soy un poco más formal porque muchas veces trabajo con gente que no me conoce, pero nada más.
Llegué a la fotografía por “casualidad”, por el empuje de otros/as. Mi mamá me propuso anotarme a una escuela de fotografía en donde vivía y yo acepté sin saber muy bien en dónde me estaba metiendo. Algunas clases más tarde me encontré sollozando por la alegría que me daba entender que se había abierto un universo completamente desconocido ante mis ojos y mi corazón, un lugar en donde podía, con mis pocas herramientas en ese momento, contarle al resto cómo veía yo al mundo; qué me angustiaba, qué me enternecía, qué me daba felicidad, qué me enojaba, y desde ese momento todo fue transformación absoluta, no tuve otra opción que quedarme a descubrirlo.
Tu trabajo se mueve entre lo íntimo y lo ritual (bodas, abrazos, despedidas, encuentros). ¿Qué entendés vos por fotografiar "con sensibilidad", existe una preparación previa, un modo de estar antes de levantar la cámara frente a un momento así de cargado de emoción?
Desde que tengo uso de razón me considero una persona muy sensible ante casi todo, y me llevó un buen tiempo entender que eso no es una debilidad ni un defecto, sino todo lo contrario; es un superpoder.
Brené Brown investiga este tema hace años y escucharla me hizo hacer un gran click, ella dice algo así como “No se puede ser vulnerable si no se es valiente”, la vulnerabilidad es permitirse la expansión, y ahí puede llegar el dolor, la decepción, la frustración, pero también puede llegar la alegría, el amor, la pasión.
Estar en los momentos más íntimos y únicos de las personas es en realidad el espacio que más se conecta con lo que soy, lo maravilloso de la vida se presenta en cada instante y mi trabajo empieza por agarrarle fuerte la mano a esa sensibilidad que me conforma y registrarlo todo desde ese lugar en donde yo creo que está la magia. Nunca más van a volver a cumplir esa edad, a casarse con esa persona, a gestar a ese hijo/a, a iniciar ese emprendimiento o a recibirse de esa carrera, no puedo tomármelo como un evento más porque simplemente no lo es, y si pienso que las mejores fotos se revelan en los momentos más vulnerables de las personas, entonces tampoco puedo permitirme andar con una coraza constante.
Me fascina observar el mundo y las personas de esa forma, pensando que cada minuto es inigualable e irrepetible al que lo antecede y al que lo precede. Más de una vez en estos años me encontré a mi misma llorando en un casamiento o cumpleaños con la cámara en las manos, y siendo sincera, pocas veces en la vida me siento tan presente y consciente como cuando estoy en ese estado.
Tu trabajo abarca registros muy distintos: la solemnidad de una boda, la delicadeza de fotografiar una comida o un producto artesanal, la textura cruda de lo analógico, la producción audiovisual, la asistencia de dirección. ¿Cómo conviven esas facetas en vos? ¿Cambia tu mirada según lo que tenés enfrente, o hay algo que se mantiene igual sin importar si fotografiás una persona o un objeto?
Junto con mi sensibilidad y mi amor por el arte convive mi fanatismo casi obsesivo con el orden y la planificación, características que creí que no tenían demasiada conexión entre sí, pero ahí es donde nació la faceta de productora y asistente de dirección, roles que desconocía hasta que empecé a estudiar cine.
La verdad es que aunque esté fotografiando un objeto, siempre hay una persona (o más) detrás; una persona lo hace, o lo vende, o lo transforma, intento no perder esa visión para no perder la humanidad con la que quiero trabajar tanto dentro de la fotografía como dentro del cine.
¿Cómo atraviesa el territorio patagónico tu obra? Hay algo del paisaje, del clima o de la escala de esta región que se traduce en tu forma de componer una imagen?
Claro! Creo que el territorio es inherente a mi como persona y en consecuencia a mi trabajo; me fascina hacer producciones en exteriores en donde el paisaje forma parte de la imagen, retratar a la Patagonia en sus distintas y tan diversas estaciones es increíble.
Mi trabajo me lleva constantemente a moverme de un lugar a otro dentro del Alto Valle tanto rionegrino como neuquino, y siempre pienso que hay zonas y personas que nunca hubiese conocido de no ser por lo que hago.
Empezaste en el oficio a tus 16 años. Mirando ese recorrido, ¿qué permanece de aquella primera mirada y qué es lo que más transformó el tiempo y la experiencia?
Cuando estaba adentrándome en este universo, me gané una beca para hacer un taller que guiaba la gran Marina Cisneros en Neuquén, en una de esas clases ella dijo que fotografiar es mirar el mundo con otros ojos, como volver a ser un niño/a, renovar la curiosidad. Entendí perfectamente de qué hablaba y nunca más me lo olvidé, creo que eso es lo que más permanece.
Creo que el tiempo y la experiencia perfeccionaron (solo un poco) mi entendimiento sobre lo formal de mi quehacer; cómo encarar el diálogo con clientes/as, cómo armar un presupuesto, cómo contabilizar mis horas de trabajo, cómo resolver ciertos problemas u obstáculos, y qué es lo que más me gusta hacer y lo que menos me gusta hacer, por supuesto también muchas cuestiones técnicas. Sobre el resto, sigo aprendiendo.
Si tuvieras que elegir una sola fotografía tuya como síntesis de tu mirada actual, ¿cuál sería y qué cuenta de vos que ninguna otra podría contar?
Esta es una foto analógica del verano del 2020, mi mamá y mi tía son las dos personas que están caminando ahí, ambas son marplatenses. No sé de qué estaban hablando, me detuve y dejé que se adelantaran, nunca se dieron cuenta, y salió esta imagen. Tengo muchísimos recuerdos de veranos en Mar del Plata y tengo mucho amor por el mar desde entonces.
Hice esta foto sin saber que 6 años después significaría algo que en ese momento no me hubiese imaginado.
Para cualquier otra persona puede ser una foto de dos mujeres caminando, yo me emociono cada vez que la veo.
Hace poco leí a alguien que decía que una foto es una pequeña rebeldía contra el olvido, contra aquello que está destinado a seguir avanzando, a convertirse en recuerdo. Creo fuertemente que mi vida siempre estará cerca de una cámara por eso.
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