VALENTINA BUSSI
*MINIBIO
Valentina Bussi es diseñadora industrial y artista visual, egresada de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de La Plata. Actualmente reside en General Roca, Río Negro, Argentina.
Es docente en la Universidad Nacional de Río Negro, en la carrera de Diseño Industrial y Lic Artes Visuales. También trabaja de forma independiente a través de su marca personal, brindando servicios de dirección de arte y collage digital para clientes particulares, marcas y agencias creativas. Tiene su propia línea de merchandising como artista. En su práctica explora las conexiones entre naturaleza, arte y diseño.
Tu universo visual parece moverse entre el sueño y la geometría: figuras clásicas, cielos rosados, flores que se abren sobre cuerpos y una constante sensación de expansión. Desde dónde nace ese imaginario, qué te atrae de esos símbolos y composiciones casi oníricas/surrealistas?
Mi imaginario nace de lo que me inspira, atraviesa, conmueve, interpela y aunque va mutando, conserva su esencia a lo largo del tiempo. Siento que la realidad necesita espejos poéticos, por eso trabajo con símbolos que los reflejan.
La imagen onírica es para mí una forma de acceder a lo invisible: una manera de transmitir con otra lógica de realidad; más vinculada con lo sensorial y la experiencia, las cosas son reales en la medida que tienen resonancia simbólica y afectiva.
2)Tu trabajo tiene una fuerza cromática muy marcada. El color parece una emoción en sí misma. Cómo elegís la paleta con la que vas a trabajar, hay una búsqueda racional detrás o surge más desde la intuición?
La paleta que elijo para cada obra nace desde la intuición: la emoción es guía y la razón acompaña. Siempre dialogan, pero primero siento y luego pienso.
Me interesa la teoría del color —soy detallista y curiosa por naturaleza— y mi formación como diseñadora industrial me dio herramientas para fundamentar cada decisión. En el momento del acto creativo, el color aparece como un impulso interno: cuando resuena, es por ahí.
Mi paleta principal suele orbitar entre tonos magenta, lila, púrpura, rosa, violeta y bordó. Lejos de ser una limitación, es mi punto de partida: Mi ADN cromático. Siempre me atravesaron desde niña, como si ellos hubieran elegido vibrar conmigo. Desde ahí abro el espectro según lo que la obra necesita. A veces uno de esos tonos lidera, otras veces es solo un acento. No sigo una regla fija: dejo que el color sea un lenguaje emocional, no una fórmula.
También suelo expresarme entre el contraste de pasteles y saturados, donde se genera una chispa visual que ya es parte de mi marca.
En tus collages conviven lo humano, lo natural y lo cósmico, como si todo perteneciera a un mismo plano sensorial. ¿Qué relación encontrás entre esos mundos y qué te interesa explorar cuando los unís?
Para mí el collage es una representación de nuestra existencia contemporánea: somos simultáneamente humanos, naturales y cósmicos. Vivimos atravesados por lo digital y lo tecnológico, también buscamos placer en la naturaleza, en la belleza y en la conexión sensible.
Siento que el collage es un espejo: fragmentos de intereses, gustos, historias, referencias —diversas entre sí— que coexisten en una misma persona, así como en una misma composición.
Lo diferente no es contradicción: es unión.
En mi caso, puedo fascinarme tanto con el Renacimiento como con el arte posmoderno. ¿Hay relación directa? Tal vez sí, tal vez no. Pero todo convive en mí y lo plasmo en las imágenes que creo.
¿Cómo dialogan la técnica y la experimentación dentro de tu proceso creativo?
En mi proceso creativo la técnica y la experimentación se fusionan y entrelazan.
Valoro muchísimo la técnica, el detalle y los procesos meticulosos. Me genera curiosidad entender cómo están construidas las cosas: qué sistema, qué estructura hay detrás. Para poder cambiar algo, primero hay que conocerlo: no puedo modificar una regla si no sé cuál es.
Me baso mucho en la investigación antes de realizar cualquier obra, me lleva más tiempo el análisis previo que la realización del collage en sí mismo.
Una vez que tengo el análisis del concepto que voy a transmitir, suelto el control, animándome a explorar. Y es ahí donde aparece el fuego: cuando pruebo, mezclo, irrumpo y me animo a experimentar.
Lo inesperado es una llave maestra.
La técnica y experimentación en mi trabajo se potencian mutuamente. La primera me da base, la otra me da aire. Ese diálogo —entre estructura y magia— es el motor de mi proceso creativo: el territorio donde arte y diseño conviven en armonía.
El collage digital tiene algo de ensamblaje pero también de alquimia: unir, mezclar, transformar. ¿Qué te atrae de este lenguaje visual y cómo encontraste en él una forma de expresión propia?
El collage digital me atrapó porque es una técnica donde todo puede convivir y transformarse: ensamblaje y alquimia al mismo tiempo.
Arranqué en 2018 de manera autodidacta porque quise aprender a usar Photoshop. Lo que empezó como un hobbie se fue transformando en mi disciplina central. Ahí entendí que cuando conectas con un lenguaje que vibra con vos, no solo creás, también encontrás tu voz.
En el collage encontré libertad, me conecte con lo conceptual y simbólico en mi práctica artística.
Es un lenguaje que me permite mirar, sentir y jugar con el mundo a mi manera.
Y hoy es collage digital; mañana quién sabe.
Sos también docente y directora de arte, roles que implican acompañar procesos creativos de otras personas. ¿Qué te devuelve la enseñanza sobre tu propia práctica artística?
La docencia para mí es pura retroalimentación, una gran vocación de constante aprendizaje, nuevos puntos de vista, comunidad y unión. Aprendo mucho de mis colegas y alumnos, estoy agradecida de la calidad de personas que conocí en la universidad pública.
Nutre mi práctica profesional, comparto mis procesos, mis errores y aciertos a lo largo de mi trayectoria, trato de ser la profe que siempre quise tener. Soy exigente, pero con dulzura; me gusta generar entusiasmo en los contenidos. Además, el contacto presencial me da vida, me divierte y me saca de la pantalla.
La dirección de arte me apasiona por la fusión de disciplinas como diseño audiovisual, fotografía, cine, música, ilustración, interiorismo, entre otros, trabajando juntas para transmitir un discurso visual coherente y alineado con
el concepto. Disfruto mucho liderando proyectos artísticos desde este enfoque.
¿Sentís que el territorio influye en tu manera de crear?
Sí, todo lo que me rodea influye en mi manera de crear: mis gustos, mis viajes, mis vínculos. Ser de la Patagonia marcó mi conexión con la naturaleza desde pequeña. Agradezco haber nacido en Río Negro, amo mi provincia. ¿Cómo no va a influir en mi obra cuando estoy rodeada de ríos, valles, bardas, montañas, glaciares, estepa y mar? Toda esa naturaleza salvaje y diversa me atraviesa.
Me siento valletana, andina y atlántica en simultáneo. viajo mucho por Río Negro y siempre algo nuevo logra maravillarme, como cuando entro en mood creativo, me dejo sorprender y eso se refleja en cada imagen, cada collage, cada composición.
Si tuvieras que ponerle un nombre a la emoción que te guía cuando creas, cuál sería?
Intuición.