Mesas largas cubiertas de publicaciones, la tinta todavía fresca, papeles de distintos gramajes, encuadernaciones irregulares, imágenes que no circulan en pantallas sino de mano en mano. El recorrido por Feria Migra se parece más a una caminata entre talleres abiertos que a una visita a un mercado. Cada stand es un proyecto, una historia editorial, una manera particular de pensar la imagen, la escritura y la circulación de lo impreso.
Los días 11 y 12 de abril, Migra vuelve a realizarse en el Laboratorio de las Artes (LABA), en el barrio porteño de Chacarita, con una nueva edición que reunirá 160 proyectos editoriales de fotografía, grabado, serigrafía, ilustración, literatura y objetos gráficos. Durante dos jornadas, de 14 a 21 horas, la feria desplegará no solo sus mesas de publicaciones, sino también una programación de conversatorios, talleres, presentaciones y lanzamientos, acompañados por propuestas gastronómicas.

Con más de treinta ediciones realizadas, Migra se consolidó como la feria de arte impreso más importante de la región y, al mismo tiempo, como un espacio difícil de encasillar. No funciona únicamente como feria, ni como festival, ni como mercado editorial: es una plataforma de encuentro para una escena que crece por fuera de los circuitos tradicionales y que encuentra en la autogestión una forma de sostenerse.
Las publicaciones que circulan en Migra no responden a un único formato ni a una estética homogénea. Hay fanzines fotocopiados y libros cuidadosamente diseñados, fotolibros, revistas experimentales, ediciones artesanales, archivos gráficos, objetos impresos que se mueven entre el arte y la edición. Muchas de estas piezas no llegan a librerías comerciales ni a grandes cadenas de distribución: su circulación se da en ferias, intercambios directos, redes afectivas y colaborativas.
En ese sentido, Migra ofrece una radiografía actual de la escena gráfica independiente, donde conviven proyectos emergentes y editoriales con trayectoria, artistas visuales y escritorxs, colectivos y experiencias individuales. El diálogo directo con quienes producen es parte central de la experiencia: comprar una publicación implica, muchas veces, escuchar cómo se hizo, por qué se hizo y desde dónde.
MIGRA No funciona únicamente como feria, ni como festival, ni como mercado editorial: es una plataforma de encuentro para una escena que crece por fuera de los circuitos tradicionales y que encuentra en la autogestión una forma de sostenerse.
Este modo de encuentro pone en primer plano algo que suele quedar oculto en la industria editorial: los procesos de trabajo, los oficios involucrados, la experimentación constante y las condiciones materiales de producción. En Migra, el papel no es solo soporte, sino territorio de exploración.
Desde sus inicios, Migra se organizó como un proyecto autogestivo, sostenido por un colectivo diverso de artistas, arquitectos, curadores, gestores culturales y editores. Esa lógica atraviesa tanto la organización de la feria como su posicionamiento político y cultural.
La autogestión, en este contexto, no aparece como consigna abstracta, sino como una práctica concreta: convocatorias abiertas, selección colectiva de proyectos, precios accesibles, trabajo colaborativo y una clara voluntad de construir redes antes que competir por visibilidad.

Este enfoque se refuerza en una decisión que Migra sostiene edición tras edición: la entrada no se paga con dinero, sino a través de donaciones. En esta ocasión, se recibirán alimentos no perecederos y útiles escolares que serán destinados a Belleza y Felicidad Fiorito, un proyecto cultural y comunitario con más de veinte años de trabajo en Villa Fiorito, donde el arte se articula con educación, militancia y territorio.
El crecimiento de ferias, editoriales independientes y proyectos gráficos en Argentina responde, en parte, a la necesidad de generar espacios alternativos de circulación frente a un mercado editorial cada vez más concentrado y excluyente. Pero también responde a un impulso creativo que encuentra en lo impreso un campo fértil para la experimentación.
Migra es uno de los espacios donde ese movimiento se vuelve visible. Cada edición funciona como un mapa provisorio de una escena que no deja de transformarse.

Además de la feria, Migra se expande como colectivo cultural en otras iniciativas, entre ellas la Escuela Migra, orientada a la formación en prácticas editoriales, gráficas y de gestión. Compartir saberes, herramientas y experiencias forma parte del mismo impulso que sostiene la feria: producir comunidad.
Para quienes producen y circulan cultura desde regiones como la Patagonia, Migra también abre preguntas sobre centralidad, acceso y circulación. Aunque se realice en Buenos Aires, la feria reúne proyectos de distintas provincias y países, y permite que materiales, ideas y vínculos se desplacen, viajen y se reconfiguren. Y así, construye un espacio donde editar sigue siendo una forma de pensar el mundo.



