El arte de transformar el sacrificio en algo sagrado
Entrevista a Daira Marin
El arte de transformar el sacrificio en algo sagrado
Entrevista a Daira Marin

Capaz de nadar hasta diez horas en aguas abiertas y frías, la deportista roquense es un ejemplo de tenacidad. En esta larga carrera que inició a los 12 años y que la pone entre los primeros puestos del país en su especialidad, aprendió, en el yoga, que el sacrificio no es dolor. Esta es su historia y su versión.

A los 4 años, en una colonia de vacaciones, se sacó las alitas y aprendió a nadar. A los 7 ya practicaba natación de manera metódica. A los doce compitió en una pileta. A los 14 hizo su primera carrera en aguas abiertas. Fue en el Canal principal de riego de su ciudad natal, Roca, en esas aguas que sirven para que las chacras del Alto Valle sean fecundas. Y eso, esa libertad de moverse en aguas y en medio de la naturaleza, por frías y por largo que resulte el desafío, no la abandonó más. Daira Marín, que así se llama esta deportista de 28 años, encontró la sabiduría en ese líquido esencial. Y se aferra a eso, si es que uno puede aferrarse al agua, con todo su cuerpo.

No es exageración. En julio, Daira estará en Canadá nadando nuevamente la Travesía Internacional del Lago Saint-Jean, una carrera de 32 kilómetros a la que ya fue más de una vez. También nado en Italia, uniendo Capri con Nápoles. Y también, en 2021 y en la Argentina, nadó 70 kilómetros para unir Itatí con Corrientes. Fue la primera mujer en realizar esa ruta líquida. La completó en 10 horas, 19 minutos, 25 segundos, en una hazaña que quedó registrada en el documental “La sabiduría del agua”, que filmó Nicolás Fogolini. Y esa es la frase que construye su vida: la sabiduría del agua, aunque le haya llevado un largo recorrido alcanzarla, aunque la siga buscando todo el tiempo. “El deporte que practico se puede practicar en grupo, pero es, sin embargo, bastante individual. Encima, nadar en aguas abiertas no es tan popular, sobre todo en Roca. Después me mudé de ciudad (a Córdoba) y pude relacionarme con otra gente que hace lo mismo. Pero al principio, cuando era chica, no sólo dejaba cosas de lado por los entrenamientos; a veces veía los objetivos muy lejos y me preguntaba todo el tiempo si lo que hacía día a día iba a dar frutos o no. Eso me lo he planteado bastante, sobre todo cuando decidí hacer esto profesionalmente, porque realmente significó un sacrificio. Y esa búsqueda, me traía muchas preguntas. Pero así fue que llegué a la formación de yoga kundalini, que la hice en Córdoba, adonde me fui a vivir para crecer en el deporte. Y lo que se hablaba en esas clases era que sacrificio significa volver sagrado algo. Eso me ayudó muchas veces a plantearme qué era lo sagrado y cómo volver algo cotidiano, como el entrenamiento, que es repetitivo, cómo transformarlo en algo sagrado. Que no sea sólo físico sino que me transforme en una mejor versión de mí”, dice con una profundidad que suena tan natural como sus movimientos de nadadora profesional.

Nadar 32 kilómetros o 70 es una proeza difícil de imaginar para el que no hace deportes, o para el que lo hace discretamente. Para Daira, es un objetivo. Algo por lo que entrena cinco o seis días a la semana, entre cinco y siete horas. Esas horas quedan repartidas entre el nado, por supuesto, y el gimnasio o el yoga kundalini que la ha ayudado tanto. “Hay días que el entrenamiento es más placentero y otros que no. Pero siempre tengo la visión del por qué lo hago y para qué lo estoy haciendo”, dice esta joven que parece trasladar la tranquilidad de las aguas a su manera de hablar. Habla con sabiduría, con humildad, y con calma.

Lo que hace, para no perder de vista ese objetivo, es enfocarse. “El sacrificio parece ligado a una atadura o una carga, como si se hubiera perdido la etimología de la palabra, o como si no fuera la decisión de uno hacerlo. Volver sagrado lo cotidiano. Eso es lo que se busca con la práctica: pulirse a uno mismo. A mi me parece que es necesario el sacrificio, no como un castigo, sino como una decisión. A mi, por ejemplo, me pasó de ver entrenadores que ligan mucho el sacrificio al sufrimiento, Y no tiene que ver con eso: una cosa es el dolor y otra el sacrificio. Qué palabra usaría en lugar de sacrificio: compromiso y una acción consciente, desde el ser puro de uno”, elige, sin dudarlo.

A la nena que fue, a esa que a los cuatro años aprendió a nadar y supo desde siempre que su medio era líquido, sólo le diría una cosa. Una cosa que le diría también a aquellos que sueñan recorrer ese camino líquido: “A veces observo de más chica, y me diría y les diría a los que quieren hacerlo que hay que tener confianza y compromiso. A veces se trata de correr un riesgo y de escuchar eso que realmente uno quiere hacer. A veces estamos llenos de distracciones, de muchas posibilidades, pero hay que enfocarse. Y no hay que tenerle miedo al sacrificio, al volver sagrado lo que uno quiere hacer”.

Escrito por:

VERONICA BONACCHI

Jefa de Redacción Revista CUAD

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