La imaginación desoladora
Un niño dengue y una patagonia cubierta por el mar
La imaginación desoladora
Un niño dengue y una patagonia cubierta por el mar

“La infancia del mundo”, del escritor argentino Michel Nieva, es un relato sangriento y ominoso, protagonizado por un niño dengue, mitad humano mitad insecto, en una patagonia que quedó cubierta de agua como consecuencia de la crisis climática. Imaginen…

Imaginen esto. Sólo imaginenlo: es el año 2272, se han derretido los últimos hielos antárticos y la Argentina no se parece a lo que era su mapa. En verdad, la Patagonia entera ha quedado bajo agua. El ahora llamado caribe pampeano termina en Santa Rosa y también en una pobre ciudad en la que malviven los trabajadores, Victorica. Con una Buenos Aires inundada por el derretimiento de los polos, los millonarios partieron a fundar una nueva civilización en la Antártida, ahora convertida en el único lugar donde las temperaturas están por debajo de los 40 grados. Imaginense.Un infierno.

Ese es el terreno en el que el escritor argentino Michel Nieva, nacido en Buenos Aires en 1988 y radicado ahora en los Estados Unidos, donde es investigador doctoral y docente de la Universidad de Nueva York, plantó su novela “La infancia del mundo”, novela en clave de ciencia ficción gaucho punk, editada este año por Anagrama.

Allí, en el año 2272, nadie sabe qué es el frío. “Porque en el futuro en el que transcurre esta historia, el frío, el invierno y la nieve habían desaparecido para siempre de la Tierra, y no había manera empírica de experimentar, al menos para un miserable niño de Victorica, sus efectos”, se lee en “La infancia del mundo”. Imaginen… Imaginen, en este mundo que nos deparó este año veranos de 56° en el hemisferio norte, imaginen que la temperatura más baja sea 40°.

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En el futuro en el que transcurre esta historia, el frío, el invierno y la nieve habían desaparecido para siempre de la Tierra, y no había manera empírica de experimentar, al menos para un miserable niño de Victorica, sus efectos.

Con imaginación desbocada y apocalíptica, en ese paisaje de horror y calor extremo el autor planta al Niño Dengue, criatura mosquito humanoide, que vive con su madre en una de las barriadas más abandonadas de Victorica. El niño dengue ni siquiera tiene nombre y es víctima de bullying por parte de sus compañeros de colegio (en especial el Dulce, el otro protagonista de esta historia). En casa no le va mejor: despreciado también por su madre, es un niño triste y antisocial, a la manera de los monstruosos personajes de Tim Burton. Sólo que no hay dulzura en él.

Sobre las circunstancias de su nacimiento circulan teorías. Muchas. Todas horribles. Conocer su origen es uno de los motores de la trama de esta novela, pero para lograrlo el niño dengue pasará de víctima a victimario, de ser alguien/algo lleno de miedo a sembrarlo. Así empieza el vuelo de este niño-insecto, su relato de iniciación. Es que el Niño Dengue descubre casi por impulso que puede producir terror y en una tarde en la colonia de vacaciones, empieza a picar y matar a sus compañeritos. A picar, matar y también dejar sus huevos. Imaginen: una infinita cantidad de mosquitos con dengue en lo poco que queda del mundo.

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El Niño Dengue descubre casi por impulso que puede producir terror y en una tarde en la colonia de vacaciones, empieza a picar y matar a sus compañeritos. A picar, matar y también dejar sus huevos.

“Me interesaba explorar cómo un espacio central en la imaginación literaria y cultural de Argentina, la pampa y la Patagonia, se veía completamente violentado por el cambio climático, pensado a su vez como un residuo tóxico de la maquinaria capitalista, llamada antropoceno en geología, un fenómeno de la intervención humana, cuando en realidad es un sistema económico que enriquece a unos pocos y hace sufrir a la gran mayoría”, dijo Nieva en su brevísimo paso por el país para presentar la novela.

Lo que el libro pide del lector es sumarse a la imaginación, sumergirse en esa fantasía oscura. Al Caribe Pampeano se le contrapone el Caribe Antártico, donde aún se encuentran espacios que simulan los lugares más cool de una Buenos Aires que ya es recuerdo. Una especie de civilización versus barbarie, dos conceptos que se replican en el juego virtual que juegan los niños de esta historia. En efecto, uno de los personajes de la trama, es la consola de videojuego Pampatronics (y sus réplicas truchas, que tienen los de menos recursos), en la que los chicos juegan a Cristianos Vs. Indios, y simulan ser parte de malones, se enfrentan en una realidad virtual a la nieve que no han visto jamás en sus vidas; mueren acribillados.

Después de que el niño Dengue se vengue, comienza una suerte de guerra contra los ejecutivos de la Bolsa de Valores de la Pampa y contra altos jefes de corporaciones, a quienes el Niño Dengue considera culpables de todos sus males (con cierta razón). Como contrapunto, está El Dulce, el clásico adolescente antipático, líder de la banda de niños que le hacen bullying al Niño Dengue, y que ayuda a su hermano mayor a traficar drogas y artilugios sexuales futuristas.

El asesinato del Dulce a manos del niño dengue será el punto de partida de una aventura distópica en la que jugarán un papel esencial el videojuego, la realidad alterna, y también unas poderosas piedras telepáticas extraídas de las profundidades antárticas. Estas piedras, más allá de sus poderes sobrenaturales relacionados con el espacio, el tiempo y las dimensiones, esconden la verdad sobre La Gran Anarca, un misterio que ambos personajes persiguen por distintas motivaciones. De esta forma, el periplo que emprende el niño dengue tras su primer asesinato, en busca de nuevas víctimas, es paralelo al trayecto que recorre el Dulce a través del tiempo y del espacio en la realidad virtual del juego, una realidad que tarde o temprano conectará con la de su verdugo.

Imaginen entonces… “La infancia del mundo”, con su mirada lúdica sobre el cambio climático, sus críticas a la industria farmacéutica, a las finanzas, al capitalismo, con su lenguaje que vacila entre el morbo, el chiste y la gauchesca, invita a sumarse a una distopía electrizante, con descargas de desazón y de ternura en partes iguales. Imaginen. Un infierno.

Escrito por:

VERONICA BONACCHI

Jefa de Redacción Revista CUAD

Ilustración:

JORGE PORTAZ

Colaborador Revista CUAD

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