La llamada. Un retrato
El nuevo libro de Leila Guerriero sobre una víctima de la dictadura
La llamada. Un retrato
El nuevo libro de Leila Guerriero sobre una víctima de la dictadura

El nuevo libro de Leila Guerriero, editado por Anagrama, narra la vida de Silvia Labayru, una ex militante de Montoneros secuestrada por los militares, torturada, violada, obligada a acompañar a Astiz en su infiltración en Madres de Plaza de Mayo y después de liberada, repudiada por los suyos.

La historia de Silvia Labayru es una historia argentina, con todo su horror, su violencia, sus contradicciones, su volver a arrancar, su sobrevivir. Silvia Labayru, como enumera el nuevo libro de la periodista argentina Leila Guerriero, “La llamada. Un retrato”, editado por Anagrama, fue “secuestrada. Torturada. Encerrada. Puesta a parir sobre una mesa. Violada. Forzada a fingir. Al fin liberada. Y, entonces, repudiada, rechazada, sospechosa.”

Es una enumeración lacerante, que parece compuesta por latigazos.

En 1976, a los 20 años, embarazada de cinco meses, egresada del Colegio Nacional Buenos Aires, hija de un miembro de la Fuerza Aérea y piloto civil, e integrante del sector de Inteligencia de la organización Montoneros, Silvia Labayru fue secuestrada por los militares y trasladada a la Escuela de Mecánica de la Armada, la Esma, donde funcionaba el centro clandestino de detención en el que se torturó y asesinó a miles de personas. Allí parió a su hija Vera, la segunda bebé que nació en ese lugar infame. A la semana, la bebé fue entregada a sus abuelos paternos .

Hasta que la liberaron, un año y medio más tarde, Labayru fue torturada, sistemáticamente violada por el teniente Alberto González, un oficial que la llevaba a al departamento de su propio padre cuando él no estaba para hacerla participar del sexo con su esposa, y obligada a hacerse pasar por hermana de Alfredo Astiz, que se había infiltrado en Madres de Plaza de Mayo para un operativo que terminó con once personas desaparecidas, entre ellas tres Madres y dos monjas francesas.
La liberaron en junio de 1978, durante el Mundial de Fútbol, y partió con su hija, que ya tenía un año y medio, rumbo a Madrid. Pensó que el infierno se había terminado. Pero no. Tal como enuncia aquella frase, después del secuestro, de la tortura, de haber sido usada como carnada, fue repudiada y rechazada por quienes vieron en ella a una sospechosa: ¿Por qué sobrevivió? ¿qué hizo para salir viva de ahí?

De los 5.000 detenidos que pasaron por la Esma,sólo 200 personas sobrevivieron. El resto, las otras 4.800, fueron arrojados en los vuelos de la muerte al Río de la Plata, o asesinados. Silvia Labayru es una de las 200. Y por eso, parece, todas esas preguntas: ¿Por qué sobrevivió? ¿Qué hizo para salir viva de ahí? ¿Por qué permitieron que su beba fuera criada por los abuelos? ¿Por qué fue elegida para “trabajar” en el campo de concentración? ¿Porque era bella?, ¿porque sabía idiomas?, ¿por su astucia?, ¿por su familia militar y su clase para saber moverse en distintos ambientes?

Leila Guerriero llegó a la historia de Silvia Labayru a través de un amigo en común -el fotógrafo Dani Yako- que le hizo leer una nota publicada en el diario Página/12. El artículo daba cuenta de un juicio que se hizo esperar mucho: la violencia sexual recién fue contemplada como delito autónomo y por fuera del concepto de torturas y tormentos en el año 2010. Silvia Labayru, junto con Mabel Zanta y María Rosa Paredes, fue denunciante en el primer juicio por crímenes de violencia sexual cometidos en el centro clandestino que funcionaba en el casino de oficiales de la ESMA. En agosto de 2021, después de diez meses de juicio oral, los ex miembros de la Armada Jorge “El Tigre” Acosta y Alberto González, alias “Gato” o “González Menotti”, fueron condenados a 24 y 20 años de prisión, respectivamente, al ser hallados culpables de ejercer violencia sexual contra las tres mujeres que estuvieron secuestradas en la ESMA entre 1977 y 1978. Las condenas se unificaron con sentencias anteriores en prisión perpetua e inhabilitación absoluta y perpetua.

La historia, entendió Leila Guerriero, era un libro, este libro que ya agotó ediciones en España y en Argentina. Pero en ese entonces, 2021, cuando todavía no era libro, y cuando aún la pandemia obligaba a los barbijos y a las distancias, Guerriero y Labayru iniciaron una larga serie de encuentros. Hubo más de cien entrevistas, intercambios de mails, lecturas, encuentros con ex compañeros, con ex novios, con sus hijos, con familiares, para armar eso que propone el libro: un retrato.

El resultado son 430 páginas que se leen con fascinación y estupor, el retrato de una vida que se va dibujando con todas sus zonas oscuras y luminosas también, con sus contradicciones y aciertos, con sus reproches propios y ajenos, con su dolor, pero también con la posibilidad del humor, de la alegría, del amor. Una historia argentina, lacerante como aquella frase de latigazos, conmovedora, que no se queda detenida en el rencor, que fluye entre la tensión y los desahogos, que contiene la oscuridad, pero también toda la luminosidad posible.

Escrito por:

VERONICA BONACCHI

Jefa de Redacción Revista CUAD

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