Yeka
El punk no ha muerto
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El punk no ha muerto

Lejos del drama de una vida de restricciones o del sacrificio de dejar a alguien que se quiere cuando no se tiene nada, Alberto Belt retrata en “YEKA”, una historia de amor y los menesteres de la vida en la calle. Una obra cargada de sentido y de identidad propia, en un lenguaje universal. Los invitamos a conocer cómo fue hacer YEKA y quién es Alberto.

YEKA es un cortometraje curricular realizado por el estudiante de cine Alberto Belt, para la materia taller de desarrollo de proyecto audiovisual, de la carrera de cine del Instituto Universitario Patagónico de las Artes (IUPA), que responde a la pauta de abordar la temática de los derechos humanos y que elegimos en esta edición de CUAD por cómo cuenta una historia que bien pudo haber sido de sacrificio.

Alberto tiene 23 años, y se lo ve tranquilo, observador. Habla con muchísima claridad y calma, impregnado de humildad y de ansia por saber. Su atmósfera irradia estilo y a la vez cierta discreción.

Cuenta que lee y escribe desde muy pequeño, pero para él, su inicio “formal” en el mundo artístico, fue a partir de los 15 años cuando comenzó a participar de un taller de teatro, al que asistió durante 2 años. También hizo fotografía y en el secundario estuvo orientado a la comunicación y la imagen. Así fue construyendo la base de algo que nutre a diario con sus lecturas, vínculos, formación, y permanente curiosidad, pero sobre todo con su potente capacidad de observación y de estar en el ahora.

Este joven realizador nació en Chos Malal, pasó por varios lugares y se asentó en General Roca. Creció jugando afuera, pasando tiempo en la peluquería de su mamá, caminando de noche, sin miedo, “ranchando con los pibes” como diría él. Solo tuvo que mirar un poco a su alrededor y a sí mismo para armar la historia de YEKA y retratar lo que serían algunos derechos humanos vulnerados.

El rodaje de este corto se llevó a cabo en el invierno de 2022, en la ciudad de General Roca, se pueden reconocer lugares, que le hacen sentido a la narración, pero pudo haber sido cualquier otra locación ya que el tratamiento de la historia y de la imagen, mantienen un lenguaje universal. La trama versa sobre una pareja de varones adolescentes, en situación de calle, donde uno ya harto decide escapar, pero por el amor que le tiene a su pareja realiza un último gesto para luego continuar con sus vidas.

Alberto actuó en el corto, que también dirigió. En el momento de crearlo estaba escuchando mucho punk argentino, estaba con eso en la cabeza y lo llevó a YEKA, buscó generar una estética de documental, cámara en mano, movido, sucio, reflejar una situación de pareja que sea de disidencia pero que no sea un problema, que esté no más, normalizado, denotar la situación de vulnerabilidad con la toma de las calles y el acto delictivo. Punk. En la edición terminaron de lograr esa atmósfera que buscaban con su equipo, en quien apoyó su entera confianza.

Alberto elige particularmente abordar la sexualidad gay en su corto, para darle al cine otra chance de contar la historia. “Estoy conflictuado con las maneras de ver o representar lo gay o lo queer en el cine; porque siempre es lo principal, esto significa mucho para el personaje y le significa conflicto social”. En cambio en esta pieza audiovisual es completamente natural como estos dos varones comparten y no es apreciable hasta una escena puntual, sutil, que la historia de amor emerge. También pone de manifiesto el rol que ocupa el placer en una vida al día, sacrificada y dice: “En esas situaciones (de calle) estás preocupado por lo que vas a comer, si encontrás placer con otra persona ya está, no te lo cuestionas tanto, son temas menores.”

Para esta escena clave, Alberto le pidió al director de fotografía una noche verde, para ambientar lo que sería su “casa”, donde tendrían un encuentro, una charla, un corte de pelo. “Siento que las situaciones de vulnerabilidad, andar en la calle, vivir al día, nos predisponen a una gran conexión con quiénes estén en ese momento y quería mostrar eso, están juntos, súper familiar y de confianza, se animan a decirse las cosas.” Entonces crea una atmósfera precisa, al detalle, para dar el mensaje que busca y la continua con algo que si bien puede contrastar, es la continuidad, es su mensaje de amor. Es la escena del robo de las tijeras, para que su chico, consiga aquel trabajo del que hablaron, que tan bien le vendría. ¿Qué sentido tiene este giro?¿Por qué lo hizo así? la peluquería y el corte fueron genuinos actos de proyección, él se quería cortar el pelo y su mamá es peluquera, pero qué pasa con el robo: “Entra y roba un local, tiene su por qué, ni siquiera es para él, es para ayudar a otro. Me gusta mostrar eso. Hay que fijarse en qué situación está la gente que hace cosas que a priori nos parecen malas o que están mal, están en un punto que para poder avanzar tenés que hacer lo impensado, lo que puedas.”

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“Estoy conflictuado con las maneras de ver o representar lo gay o lo queer en el cine; porque siempre es lo principal, esto significa mucho para el personaje y le significa conflicto social”.

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Alberto Belt / Realizador Audiovisual

La historia de YEKA es la historia de muchos, ¿qué hizo que esta historia sea tan verosímil? nos preguntamos. “Mi crianza nunca fue ostentosa. Lo que más me toca el corazón son las desigualdades, quiero mostrar esto, quiero que se vea real, no quiero ni pobrecito ni que mal que estás, quiero que se vea lo más real posible, porque son cosas que pasan. Ponerlo en foco sin generar una puesta en valor de la situación. “che esto pasa”, ya el que lo mira decide si le parece bien o mal. Yo no apunto a hacer una bajada de línea.”

YEKA recibió galardones de tres festivales a los que fue, Festival de cine social de Río Negro, Festival amor es amor, Festival Student work film festival y esto colabora con que Alberto se amigue con lo que hace. Cuenta que defenestra mucho su trabajo, dice que la idea que tenés nunca se ve reflejada en lo que hacés realmente, pero lo que nos supo demostrar es que sabe confiar en su equipo.

Esta es la historia de YEKA y de Alberto. Su hermano le regaló su cámara. Acaba de terminar de escribir un libro de cuentos fantásticos. Empapado de estímulos, de saberes del “mundo grande” dice él. Le gusta acordarse de lo que lee. Le gusta la poesía. Ya está trabajando en su próximo proyecto.

Quién es Alberto Belt.

Nació en Chos Malal, hace 6 años que vino a vivir a General Roca, y es la ciudad en la que hace más tiempo vive. Actualmente tiene 23 años y estudia cine en el Instituto Universitario Patagónico de las Artes (IUPA). Está finalizando una tecnicatura en fotografía y supo realizar exposiciones de foto y ciclos de cine en Plottier, donde también estuvo residiendo. En 2019 inició la escritura de un libro de cuentos fantásticos, que hoy está en proceso de finalización en SINERGIAS, un espacio de incubación de IUPA. Junto con YEKA hizo 2 cortos más que constituyen una trilogía, que más adelante se podrán ver en en sus redes sociales, @vlbelt en instagram.

Escrito por:

MARINA PASEIRO

Coordinadora General Revista CUAD

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