Mercedes Sosa murió el 4 de octubre de 2009. Ese año Milo J todavía no había cumplido los tres años de edad y nadie en su casa de Morón imaginaba que iba a ser una de las grandes figuras de la música contemporánea. En el 2025, la tecnología reunió sus voces en el tercer disco solista de Milo J, una obra cumbre dentro de su producción musical. El artista de 19 años eligió coronar ese trabajo “acompañado” por La Negra Sosa, la voz de todas las voces.
“Jangadero”, es el tema que cierra "La vida era más corta", el tercer disco solista de Milo J. En esa última canción aparece la voz de Mercedes en un registro inédito de 2006, que fue recuperado de un ensayo con Soledad Pastorutti. Podría ser una voz fantasmal, el residuo espiritual de una grabación, pero lo que hay en esa voz de Mercedes, en esa risa al final de la canción, en esa chispa encendida de sus palabras diciendo “hermoso, hermoso, hermoso”, es una fuerza vital indomable, como ese Río Paraná del que habla la canción.
El fraseo de Mercedes, flota sobre la melodía original como el eco de un tiempo que parecía extinguido y navega sobre ese río eterno de la canción popular junto a un adolescente de 19 años. Simplemente se hamacan, fluyen en la eternidad de esta frase: “mi destino sobre el río es derivar”.

La canción fue escrita por el poeta salteño Jaime Dávalos y fue registrada como “Canción del jangadero” en 1959. Esa obra atravesó el tiempo convertida en clásico del folklore argentino en el boom de los sesenta y fue grabada en el disco de un artista surgido de la escena urbana como Milo J: la versión a dúo con Mercedes -orgánica, intervenida tecnológicamente, pero sin artificios- tiene cerca de cinco millones de reproducciones en la plataforma de Spotify. El cover despertó una nueva fiebre por el tema y todos los días se multiplican en las redes sociales nuevas versiones realizadas por adolescentes que se apropiaron de la canción.
El disco La vida era más corta, funciona en un sentido como un puente entre generaciones, pero no es solo eso. Es un material con un profundo trasfondo emocional y que va hacia la raíz folklórica para revalidar en tiempos de individualismo, una mirada colectiva y una reflexión sobre lo que somos y lo que queremos ser como nación. Pero, también, el álbum vino a ocupar desde el mainstream de la industria musical, (el disco fue editado por la división latinoamericana de Sony y tuvo un lanzamiento especial en España, donde Milo fue a realizar la promoción en programas como La revancha o en la Gallery Sessions), un espacio de reivindicación del imaginario folklórico.
El folklore funciona como metáfora del regreso a casa: la bisabuela de Milo J era santiagueña y llegó a Buenos Aires de adolescente para buscar otro destino, como tantos migrantes. En el disco Milo, viaja en ese trayecto al origen de todo y es un médium de todas esas voces ancestrales de su familia y de toda una comunidad musical. Por eso, en el disco conviven las voces del pasado con las del presente, incluso con la de artistas que simbolizan el futuro como Radamel, un cantor santiagueño de 15 años que Milo J descubrió durante la filmación del video de “Jangadero” en la localidad de Suncho Corral, a más de 150 kilómetros de la capital de Santiago del Estero.

Dentro del ecosistema de lanzamientos, La vida era más corta habla de cosas trascendentales: el ciclo de la vida y la muerte, los olvidados por el sistema, la visibilización de una identidad norteña, los vínculos rotos, el paso del tiempo y las cicatrices en la memoria del inconsciente colectivo. La música de Milo une esos eslabones de la música popular conformado por historias, costumbres, ritos, voces anónimas, que pasan de generación en generación, de una época a la otra, y que sobreviven como parte de una herencia cultural.
La recuperación de una voz como la de Mercedes en el disco no es la única. A través de sampleos y citas musicales, enhebradas artesanalmente y con delicadeza instrumental por los productores artísticos Tatool y Martín Alvarado (trabaja en el equipo de Bizarrap), surgen otras voces fundamentales del cancionero popular de América Latina como Violeta Parra de Chile, Canario Luna de Uruguay y Totó La Momposina de Colombia. Esos espíritus musicales se derraman al disco creando una atmósfera onírica, legendaria, fuera del tiempo, donde canciones y artistas del presente como Trueno, Akrilla, Yami Sadfie, Paula Prieto, Nicki Nicole, dialogan con artistas como Cuti y Roberto Carabajal, Soledad, Agarrate Catalina, y con antiguas canciones como “Zamba para un bohemio guitarrero”, “Puente Pexoa”, o “Zamba de amor en vuelo”, memorias musicales de otro tiempo, en un corredor de ida y vuelta. No es solo un disco, es un portal.
“El disco de Milo J es un disco, pero también un mapa, el código abierto de un ADN que todavía tiene mucho más para explorar”, me dice la periodista uruguaya Belén Fourment, a través de un mensaje de wasap.
Las coordenadas del mapa están en las quince canciones divididas en Disco 1 y Disco 2, como si se tratara de un álbum doble de vinilo. En esa señal, como en otras citas y referencias que atraviesan el disco, reaparece un mundo análogo que el artista de Morón trae como nueva información para la generación Z. Una información que pertenece a otro siglo: un disco que encierra un tiempo que corre más lento capaz de eternizar el momento.
El álbum, que llevó dos años de gestación, mientras grababa en paralelo su segundo disco 166, está hecho por capas y es de una belleza austera: la sofisticación y la complejidad rítmica de esas identidades múltiples que conforman esta región, va por debajo de las canciones.
Hay en la huella del disco el sendero que dejaron otros artistas, otros movimientos musicales: la nueva canción chilena, la nueva trova cubana, el tropicalismo, el candombe beat y la murga. Este adolescente engloba aquella máxima de Mercedes de la canción con todos. Esa idea que surgió en 1963, a través del movimiento del nuevo cancionero que la cantora tucumana encabezó junto al poeta Armando Tejada Gómez y su compañero de época Oscar Matus. Su manifiesto artístico tenía un objetivo, impulsar un cancionero popular en renovación permanente, sin fronteras entre géneros.

Esa idea emerge de manera consciente o inconsciente en este trabajo de Milo J.
La voz de Mercedes Sosa no aparecerá solamente en “Jangadero”. Su presencia atraviesa como un hilo invisible varias canciones del disco y conecta puntos en su recorrido musical.
En la zamba que da nombre al disco "La vida era más corta", hay un sample escondido del "Me voy" frase del Canario Luna en la célebre “Brindis por Pierrot” de Jaime Roos. Ese verso se conecta con otro "me voy” de Mercedes Sosa que se escucha en el tema “Luciérnagas”. Esa breve cita musical de Mercedes en el medio de la canción pertenece a una grabación de la cantora de “Zamba para no morir” de su disco Yo no canto por cantar (1966) y esconde algo más profundo.
En este track la voz retocada digitalmente de Mercedes parece otra y es como un espíritu que viene a traer el mensaje de otro tiempo. Es como si Milo y sus productores quisieran atrapar y condensar en esa breve frase, el espíritu de aquella canción de los sesenta con versos de Hamlet Lima Quintana que también habla del ciclo continuo de la vida y la muerte, y ese eterno retorno. Así lo sintetiza Mercedes cuando frasea estos versos: “Al quemarse en el cielo la luz del día/Me voy/Con el cuero asombrado me iré/Ronca al gritar que volveré/Repartida en el aire a cantar/Siempre”.
En “Luciérnagas”, hay un tratamiento parecido de la idea de eternidad y de esa memoria que no muere cuando es recordada por las nuevas generaciones. La canción cuenta con la bendición de Silvio Rodríguez, que participó del tema y fue otro aliado de peso en esta canción que Milo J escribió apenas falleció su abuela. El tema de una ternura y una tristeza infinita dice: “Porque siempre queremos volver/A donde uno antes fue feliz/Y nos olvidamos que vivir/Es estar ahora, es estar aquí”.

Milo J en 2025 escribe una obra, quizás la más bella canción de todo su repertorio, como una carta de despedida, pero también como una secuela de otra gema del nuevo cancionero de los sesentas llamada “Canción de las simples cosas” de Cesar Isella y Tejada Gómez, que formaba parte del repertorio de Mercedes Sosa y dice: “Uno vuelve siempre/A los viejos sitios donde amó la vida/Y entonces comprende/Cómo están de ausentes las cosas queridas”.
Entonces queda claro que Milo no le habla al pasado, sino que forma parte de ese recorrido de canciones entrelazadas, de memorias colectivas, de otras voces, que van tejiendo una historia en el presente. Y que estás canciones persistirán, más allá del paso del tiempo, como sus grandes clásicos.
En la escena final del video de la canción “Jangadero”, filmada en el interior de la provincia santiagueña, el joven Milo aparece rodeado de un montón de niños y adolescentes mirando como una embarcación prendida fuego se desplaza río abajo, como dice la canción. La luz encandila sus rostros morenos y tiñe de color anaranjado el ocaso del día. Es un gesto poético más. El futuro mirando al pasado, la metáfora de un país que busca su destino y esa memoria de fuego que Mercedes trae en su voz cuando canta: “voy detrás de tu horizonte fugitivo/y la sangre con el agua se me va”.
La canción termina. Al final aparece la siguiente leyenda en el video: “Mercedes Sosa, vive para siempre”.
Escrito por:
Gabriel Plaza
Colaborador Revista CUAD



