La trama es intrigante: tras la liberación de los prisioneros de los campos de concentración, Nelly, una cantante judía, regresa a su ciudad y a su marido, Johnny, que quizás podría haberla entregado a los nazis. Él no la reconoce: su rostro fue desfigurado; le ofrece interpretar a su esposa para cobrar la herencia que a ella le corresponde.
Christian Petzold es un director hitchcockiano y no hay tema más hitchcockiano que el doble. Está presente en toda su filmografía, desde Yella, en la que Nina Hoss interpreta una joven que sufre un accidente en un puente hasta Undine, en la que Paula Beer encarna a una mujer que bien podría ser la ninfa del mito de la ondina.
El doppelgänger, como los alemanes acuñaron el término del doble fantasmagórico asociado especialmente a la literatura fantástica, está presente en ambas. Hoss y Beer, las dos musas de Petzold, son personajes que oscilan entre lo extraordinario y lo cotidiano, entre la vida y la muerte. Son presencias espectrales, míticas.

En ninguna película suya el doble está presente más que en Phoenix, protagonizada por Nina Hoss, y coescrita por Petzold con el director, y su maestro, Harun Farocki. Y no hay película que represente más los temas hitchcockianos que Vértigo.
Petzold confiesa su admiración: “La amo muchísimo, y al mismo tiempo la odio muchísimo. La he visto 100 veces en mi vida, y en veinte de esas veces lo odié. Esta película es demasiado (…). Pero Vértigo es una película sobre las películas, sobre el cine mismo. Las otras películas de Hitchcock son sobre seres humanos, pero los personajes de Vértigo son solo una parte de esta pesadilla, una pesadilla fantástica, la mejor pesadilla jamás contada en la historia del cine”.
Phoenix es una pesadilla fantástica de la que Nelly deberá despertar. En sus primeras películas, tanto Farocki como Petzold estaban interesados en personas convirtiéndose en fantasmas. Yella, en 2007, cerró una trilogía temática que fue retomada en 2014 con este film donde llevan su idea a un extremo: Nelly, que dice ser Ester, debe reconstruir su identidad para volver a ser ella misma.

Es un renacer de las cenizas. Phoenix, por el nombre del cabaret en el que encuentra a Johnny, pero también por el Ave Fénix que simboliza lo que debe hacer Nelly. Ella deambula por una ciudad que también debe ser reconstruida, que está en ruinas. Es oscura, tenebrosa, habitada por personajes fantasmagóricos que oscilan entre la vida y la muerte.
El contexto de postguerra es trágico. Nelly ya no canta, se limita a oír emocionada los acordes de Speak Low; se somete a una cirugía plástica que no logra reconstruir el rostro que ella desea recuperar. Johnny es un pianista devenido en un trabajador de cabaret que utiliza otro nombre y se escabulle entre las sombras para ganar dinero; Lene, la amiga judía de Nelly, desea abandonar Alemania para escapar de su pasado.
Por momentos, la trama es macabra, pero Petzold es muy inteligente para cortar las escenas antes de que se transformen en cínicas, no se regodea en el dolor de Nelly, la acompaña en la búsqueda de su nueva identidad. Las muertes, incluso, suceden en fuera de campo. Sabe muy bien que no es un drama, no recurre al llanto ni a una manipulación emocional.
Es un renacer de las cenizas. Phoenix, por el nombre del cabaret en el que encuentra a Johnny, pero también por el Ave Fénix que simboliza lo que debe hacer Nelly.
En Vértigo, John Ferguson, el protagonista interpretado por James Stewart descubre la existencia de una mujer idéntica a la fallecida chica de la que se enamoró. Se obsesiona con transformarla: la entrena, le compra la misma ropa, le ordena cómo vestirse y peinarse.
Johnny, al igual que en la película que lo inspira hasta en el nombre del personaje, se obsesiona con transformar a Ester en Nelly. Es un proceso de creación, de transformarla en algo nuevo, pero también de destrucción. Le enseña a caminar, le compra ropa, la fuerza a escribir y comportarse como ella. En cierta manera, es el trabajo del director con su actriz, pero pervertido, llevado a sus consecuencias más trágicas.

El realizador cita el final de Vértigo como una inspiración, como la película que siempre está en su mente cuando concibe un guion: “Consagra a Alfred Hitchcock como el mejor cineasta de todos los tiempos, debo decir, porque sabe lo que está mostrando ahí. No es un final feliz. En medio del resurgimiento de la misoginia, que hoy es fuerte, siempre pienso en James Stewart de pie sobre la torre; es una pesadilla del poder masculino, de cómo crea y destruye a esta mujer”.
Phoenix tiene un final a lo Vértigo. Petzold, si solo hubiese hecho esta última escena, se hubiera recibido de director de primer nivel. El cine es un arte audiovisual y el realizador se vale del sonido y de la imagen, sin recurrir al diálogo, para expresar todo lo que Nelly no pudo decir.
No es necesario, es el espectador el que lo entiende, el que también permanece abrumado como los demás personajes ante la protagonista, que renace como un ave fénix, que canta Speak Low como solo ella puede hacerlo. El rostro será irreconocible pero esa voz no engaña a nadie. La revelación no necesita confirmaciones, basta con una mirada, con un desolador plano fuera de foco.




