Juliana García: artista de paisajes domésticos
Bitacora de artistas
Juliana García: artista de paisajes domésticos
Bitacora de artistas

Una artista que hace del habitar una práctica estética y comunitaria: Juliana García registra, comparte y reinventa los paisajes mínimos de los barrios que transita -de Neuquén a Salta- para revelar la belleza de lo cotidiano.

Aquí les comparto mi Bitácora dedicada a Juliana García, artista salteña que vivió muchos años en el Alto Valle, con la que entré en contacto más cercano hace más de una década cuando la invité a escribir en un libro que compilamos con María Eugenia Borsani.

Es imposible separar las distintas pasiones que atraviesan a Juli, porque todas ellas convergen en su faceta artística. Recuerdo que en 2019 la entrevistamos con Gustavo Cabrera en su casa de Neuquén cuando estábamos armando el libro Estallar el borde. Estudios situados sobre poéticas artísticas contemporáneas. Nos recibió con mate y una torta sin TAC que había preparado y cuyo aroma aún se sentía en el comedor. Allí charlamos un montón sobre lo que para ella es el arte contemporáneo, sobre los vínculos que busca generar en los destinatarios y los aprendizajes que sobre esos vínculos adquirió desde el rol de payamédica y titiritera; porque al recurrir a esas experiencias decide sin pretensiones evadir el riesgo del hermetismo y la endogamia al que muchas veces se expone el arte contemporáneo. El tono amable y pausado de su voz, su sonrisa fácil, también ofrecen pistas de lo que ella es cuando asume su piel de artista.

En diciembre de 2025 volví a entrevistarla, esta vez en formato virtual porque se volvió a Salta en 2021. Al preguntarle cómo se definía ella respondió sin titubeos: Soy artista visual, docente, titiritera y gestora.

Después de escuchar la grabación de nuestra conversación identifiqué una palabra presente con insistencia; un verbo, para ser más precisa: habitar. Habitar como ese estar involucrada con los espacios en los que ella pasa la vida: una residencia de arte en Paraná o en Chile, años en suelo neuquino o décadas en Salta, el territorio que la vio nacer. Habitar y hacer con otros.

Hace unos años, escribí sobre el alcance participativo en algunos artistas contemporáneos ya que es posible identificar distintas maneras en que las obras de arte buscan entran en contacto con los destinatarios, sea invitándolos a participar o colaborar como también dando un espacio esencial o imprescindible para que la experiencia artística acontezca. Allí, elegí hablar de algunos proyectos de Juliana en los que plantea lo que para mí es una forma ejemplar de implicación: recupera gestos pequeños, propone intercambios horizontales, dando visibilidad a paisajes de vecindario (como ella nombró a un bello libro que publicó), paisajes domésticos, como aquí propongo llamarlos.

Juli registra escenas próximas a ella, vecindarios en los que abundan arreglos florales en macetas, aunque también en bidones reciclados, gomas transformadas en canteros, y otros objetos que son “reconfigurados” por el nuevo uso que les dan al asignarle el rol de contener los tesoros vegetales de los artífices de esos jardines.

Pone el ojo en la belleza de lo más inmediato, de esa realidad que tal vez por transitarla a diario se vuelve invisible y que pone a disposición al visibilizarla y darle materialidad en los dibujos que realiza. De algún modo, su obra pone en tensión la idea de paisaje como aquello magnificente y extraordinario. Pero a la vez, resuena el significante paisaje porque es la mirada de alguien la que encuadra el afuera en un afecto, una emoción producida por lo que ve; sigue habiendo construcción de ese paisaje por el ojo que lo reconoce como tal.


En sus proyectos hay también una intención colaborativa, de interacción real con la comunidad con la que entra en vinculación. Entonces, al habitar como acción nodal en su forma de producción se suman otras acciones que resultan cómplices: Dibujar, Compartir, hacer Trueque, estar y a la vez crear en comunidad, como ocurre en la mayoría de los proyectos en los que Juli se embarca.

"Salir a regar, hablar del tiempo, armar huerta en la vereda, renegar por el aromo talado, planificar la plaza, gritar de lejos, gritar bajito a la hora de la siesta, repartir las cartas perdidas, hacer sonar las baldosas con los patines, mojarse con la que está floja, sacar la silla al atardecer, guardar el paraguas, salir de nuevo a regar".

 

Juliana García, Historias del vecindario

Hablemos de algunos proyectos artísticos que exhiben este habitar que busco destacar. Comienzo por la experiencia Paisajes del vecindario o algunas maneras de habitar Ciudad del Milagro que Juli realizó con su hermana Andrea en 2017 en el barrio Ciudad del Milagro de Salta. Comenzaron recorriendo el barrio, charlando con los vecinos para después elaborar un fanzine con dibujos de los arreglos florales que encontraron en las veredas, ventanas, patios delanteros de las casas y departamentos, junto a fragmentos de conversaciones tenidas con quienes cuidaban esos arreglos. Rescato la decisión no azarosa de recurrir al formato fanzine, que consiste en una pequeña publicación artesanal, autoeditada y no comercial que les permitió hacerlo circular y distribuir casa por casa. El proceso terminó con una jornada en la plaza en donde las artistas le dieron fanzines a los vecinos para colorearlos en comunidad.

Acciones como las de Juliana y Andrea hacen resonar matices alrededor del barrio y el vecindario donde el primero establece límites precisos y geográficos mientras que el segundo parece inclinarse en la proximidad que surge entre los vecinos y los entramados sociales y vinculares que tienen lugar a causa de esa proximidad.

Juli trabaja movida por la intención de interacción social a través del medio poético; me recuerda lo que el teórico del arte Nicolás Bourriaud (2007) expresa en su libro Posproducción respecto a que es preciso “juzgar las obras de arte en función de los vínculos que producen dentro del contexto específico en el que se debaten. Porque el arte y no percibo finalmente otra definición que las abarque a todas es una actividad que consiste en producir relaciones con el mundo materializando de una forma o de otra sus vínculos con el espacio y con el tiempo” (p.123). También Juli subraya que vivencias y contextos traccionan su hacer artístico:

“Mi motivación son vivencias, inquietudes que yo me pregunto a partir del vínculo con el mundo —digo mundo como mi cotidianidad— con cosas chiquitas que me cuestionan o me incomodan. Y ahí salgo en búsqueda de «cómplices», primero empiezo a pensarlas yo y después busco cómo seguir pensándolas con elles. (…) El contexto condiciona totalmente mi producción, porque cuando pienso en hacer arte tiene que ver con cómo me vinculo con el mundo. Por ejemplo, me mudé y había nacido Alina (su hija). Empecé a dar vueltas en el barrio con el cochecito y a mirar los arreglos florales del frente de las casas, entonces una obra tuvo que ver con esas dos circunstancias de mi vida personal y con mi nuevo barrio.” (Entrevista a Juliana García realizada con Gustavo Cabrera, 2019).


El fragmento de entrevista arriba transcripto deja ver en qué medida esas caminatas fueron el disparador para dar forma al proyecto artístico Vecindad. Veinte arreglos florales del Barrio Mercantiles de Neuquén realizado en 2016 que consistió en dieciocho acuarelas sobre papel en los que se reflejan esos arreglos. Relata que allí buscó poner el foco en los procesos a través de los cuales un espacio, un barrio, por ejemplo, adquiere una identidad que siempre es múltiple y provisoria.

“EL PROCESO DE RELACIONARME CON OTRA PERSONA, QUE ES PARTE DEL PROYECTO, ES MUY ÍNTIMO Y ES A VECES LO QUE ME COMPLICA UN POCO EL SEGUNDO MOMENTO, SI LO HUBIERE. PORQUE A VECES SUCEDEN TANTAS COSAS, QUE DESPUÉS ¿QUÉ LES DOY A OTRES ESPECTADORES EN UNA SALA PARA QUE PESQUEN ALGO DE LO QUE PASÓ? TENGO QUE REPENSAR, Y ES OTRA OBRA, SUCEDE OTRA COSA”

JULIANA GARCÍA (Entrevista María José Melendo y Gustavo Cabrera, 2019)

Hay otras obras en las que la vinculación se intensifica, adquiriendo un rol imprescindible, como en Valor de mercado (2009) o en Trece retratos o estudio de mercado para un trueque, trabajo que comenzó en 2011 en el pueblo de Angastaco y continuó en Neuquén en 2013, que proponía un trueque a los vecinos y vecinas: les dibujaba lo que quisieran tener colgado en una pared de su casa a cambio de una foto-retrato de ese dibujo colgado junto a ellos. Esta forma de interacción implicó una negociación en la que las partes dialogaron sobre lo que cada una tenía para ofrecer. Juli registra no sólo a través del dibujo y la fotografía sino a partir del registro escrito de pasajes de las charlas con los vecinos; como este en el que tomó nota de la observación que le hicieron sobre el dibujo que estaba haciendo: “Tendría que ser más verde, parece que el árbol no está regado. Y el cielo más azul”.

Para exhibir ese intercambio intimo y trasladarlo a una sala de arte o un museo introduce elementos que a la vez que representan lo que tuvo lugar también se separan de ese acontecimiento buscando su propia autonomía. Así, en la exposición en sala acompañó cada uno de los registros fotográficos de los retratados con una foto del exterior de la casa de la persona y una selección de escritos de la artista que surgieron a partir de las charlas que mantuvo con los retratados. Este archivo de incorporaciones para el volver público aquello que aconteció contribuyen a que la experiencia adquiera en su polifonía la potencia para resonar en otros.

“El dibujar es como escribir. Es poner el pensamiento en imágenes. Yo pienso el arte como un espacio de pensamiento”

 

JULIANA GARCÍA (Entrevista María José Melendo, 2025) 

¿Por qué el dibujo?, le pregunté. Es rápido, disponible, de fácil acceso, podes tener siempre un lápiz en el bolsillo, dijo. Juli explora el dibujo estallándolo, asumiendo distintas materialidades como la acuarela, el dibujo para el fanzine, el dibujo para el bizcocho de arcilla como en este, su proyecto más reciente en el que retomó su interés por cartografiar los arreglos florales del Barrio Ciudad del Milagro de Salta esta vez junto a la artista y ceramista Marianela Torino con quien comparte además del trabajo en el espacio de arte La Ventolera de Salta, la pasión por los títeres.

Me cuenta que a Marianela le interesan los yuyos “que arremeten en cualquier rincón” y a ella los arreglos florales, y el cuidado puesto en cada maceta. Caminan por el barrio, sacan fotos y después dibujan en la arcilla, asumiendo la autoría mestiza.

Nombraron “Habitar” al proyecto que hasta ahora reúne 16 placas de barro local de 15 cm x 20 cm. cada una, esgrafiadas y cocidas en horno eléctrico; en el texto de sala escribieron:


“Los arreglos florales son prácticas propias de las estéticas de la vida cotidiana que permiten a los sujetos singularizar su lugar de pertenencia, construyendo espacios de subjetivación del territorio en el día a día haciendo confluir naturaleza y cultura barrial en el acto de regar, cuidar, componer. Los yuyos se abren paso sutil e insistentemente entre las grietas, allí donde parece que nada habita. El barro esgrafiado, como las plantas, tiene su vida propia, el fuego que lo transforma en cerámica le da su impredecible color, otro aroma, grietas, texturas, así transita también su nuevo habitar.”

Al escucharla hablar de este proyecto en el que retomó la acción de recorrer el barrio ciudad del Milagro, en el que ella no vive, le pregunto si acaso la suya no es la mirada inédita de quien no circula a diario por esas calles y que por eso puede encontrar cosas que la mirada automatizada por lo cotidiano no ve. Afirma con los ojos y me cuenta que cuando ella dictaba talleres de arte los sábados en barrios vulnerables de Salta una niña le dijo, en formato más retórico que interrogativo: “seño, usted es turista ¿no?”; estuve a punto de decirle no en seguida, me cuenta Juli, pero “le dije, si, soy turista”. Nos quedamos charlando en las convergencias entre ser turista y ser extranjero en un lugar, en no ser de un lugar, en verlo con otros ojos.

“Viviste doce años en Neuquén”, le dije. Contame de esa experiencia.
Me habló de la primera sensación que le invadió al desembarcar en Neuquén y cómo extraña la vida que dejó allí; que al principio sufrió el desarraigo “como a las plantas cuando las cambian de maseta o de estantería” “lleva tiempo para que las plantas se aclimaten”.

 “El paraíso es el alcahuete del otoño”

 

(Notas de Juliana García. Vecino de ciudad del Milagro)

“Muchas cosas me flashearon de vivir en Neuquén” me cuenta.
Eligió comenzar por mencionar que al llegar experimentó la refutación del imaginario instalado de que el norte es cálido y el sur es frio al vivir su primer verano en el valle. Me explica: “En Salta te morís de calor pero a la noche llueve y a mí me pasó que en Neuquén esperaba que lloviera, mi cuerpo esperaba eso”; con el tiempo se dio cuenta de que no tenía que mirar el cielo esperando a que lloviera sino “meter las patas en el río Limay”. Me explica que en Salta los ríos son finitos y quedó impactada con el río Limay, su caudal, su transparencia.

Finalmente, menciona la barda. Subraya que en Salta no existe la barda; está la montaña o el cerro. Al igual que el vecino cuya observación de lo natural le permitió anticipar y reconocer al árbol del paraíso como el alcahuete del otoño, Juli también llegó a conocer el paisaje de este sur. Me dice: “La barda es olor a jarilla, que concentra en sus hojas el aroma de la lluvia”. Estuve de acuerdo.

Le hago una última pregunta sobre el presente y el futuro del proyecto Habitar. Me cuenta que con Marianela continúan caminando el barrio y que a ella le interesa expandir el archivo de testimonios de los vecinos sobre sus universos vegetales, atender a lo que ocurre en el barrio en cada estación.

Leí en César Aira que “La primera función del arte es extrañar, romper los hábitos de la percepción”; Juliana hace precisamente eso y revela la belleza de paisajes de vecindario.


Biodata de Juliana García (Salta, 1980).

Licenciada en Artes plásticas Universidad Nacional de Tucumán y Profesora Superior de Artes UMAZA. Maestranda en Estudios y Artes Contemporáneas Universidad Nacional de Salta.

Actualmente es docente en la Escuela Superior de Bellas Artes de Salta y realiza gestión en La Ventolera Casa de Arte. Anteriormente trabajó como docente en el Instituto Universitario Patagónico de las Artes Río Negro, en la Universidad de Flores Cipolletti, en la Escuela Sup. de Artes Neuquén y como gestora y curadora en la Sala de Arte de la Obra Social de La Universidad Nacional del Comahue.

Participó de clínicas de arte con Ana María Saavedra, Patricia Hakim, Jorge Sepúlveda, Diana Aisemberg, Jorge Gumier Maier, Eva Grinstein y Kekena Corvalán. Cursó seminarios con Gustavo Blázquez, Justo Pastor Mellado,
Esteban Álvarez, Carlos Trilnick, Rodrigo Alonso, Adolfo Colombres, Eduardo Gil, Hernán Ulm y Kevin Power.
Participó de las Residencias: Dimensiones Intermitentes Salta febrero 2017, Aluciné Bariloche octubre 2016, Ifitry San Martín de los Andes octubre 2015, Aluciné Aluminé marzo 2015, Ojo al títere Salta enero 2015, Arte y naturaleza
Paraná febrero 201 y en Telúrica Angastaco Salta enero 2011.

Recibió Beca del FNA para realizar un taller con Daniel García y Florencia Qualina; Beca individual de formación audiovisual del FNA y Subsidio a la creación grupal del Instituto Nac. del Teatro en tres ocasiones.

Participó de la Residencia para artistas en Valdivia en el marco de la 1ª Trienal de arte de Chile curada por Eva Grinstein agosto 2009, en la Primera, Segunda, Tercera y Cuarta edición de la Bienal Neuquén Contemporáneo curadas por Matilde Marín y Ana María Battistozi (2013), Rodrigo Alonso (2015), Fernando Farina (2017) y Kekena Corvalán (2019).
En el 2015 estrenó su obra de títeres lambe lambe En el Fondo con la que participó del 7mo Festival Internacional de títeres Animaneco Santa Catarina Brasil 2025, del 8vo Festival internacional Festilambe Valparaíso Chile 2024 y del
6to Festival internacional Ojo al títere Salta 2019. Y en el 2021 estrenó su obra de títeres lambe lambe La línea.

En el 2015 publicó el libro álbum Historias de vecindario con ediciones de la Galería Fedro Salta y en el 2016( en coautoría con Celeste Venica) el capítulo “Garabateando el cuento de las bellas princesas. Desde el aula pensando metodologías educativas otras” del libro Ejercicios decolonizantes II, Arte y experiencias estéticas desobedientes compilado por María Eugenia Borsani y María José Melendo Ediciones del Signo Center for Global Studies and the Humanities, Duke University.

Pies de página

  1. Estudié Filosofía en la Universidad de Buenos Aires. Soy docente e investigadora en la Universidad Nacional del Comahue y en la Universidad Nacional de Río Negro. Vivo donde nací, en el Alto Valle de Río Negro.
  1. -María Eugenia Borsani; María José Melendo (Compiladores) (2016), Ejercicios decolonizantes II. Experiencias estéticas desobedientes, Buenos Aires, Del Signo editorial.
  2. -María José Melendo; Gustavo Cabrera (compiladores)(2022)Estallar el borde. Estudios situados sobre poéticas artísticas contemporáneas, editorial de la Universidad Nacional de Río Negro. Para acceder al libro en edición online: https://libreria.unrn.edu.ar/library/publication/estallar-el-borde-1667927509
  3. -“Pensar el arte como acontecimiento. Un ensayo de interpretación” en María José Melendo y Gustavo Cabrera (Compiladores), Estallar el borde. Estudios situados sobre poéticas prácticas artísticas contemporáneas, Editorial de la Universidad Nacional de Río Negro, 2022, pp.69-96.
  4. -Juliana García, Historias de vecindario, Salta, Ediciones de la Galería Fedro, 2015.
  5. - Expuesta en el Museo Nacional de Bellas Artes de Neuquén en la muestra Neuquén Contemporáneo Energías curada por Rodrigo Alonso Noviembre 2016 y en la muestra Veredear en la Sala Municipal de exposiciones de San Martín de los Andes 2018.
  6. -Allí, vendió sus dibujos de frutas y verduras al mismo precio que las frutas y verduras tenían al ser pesadas en el puesto. El público elegía dibujos ya realizados o esperaba la realización del suyo. El dinero recaudado se lo quedaba la verdulera y ella los retratos fotográficos que tomaba in situ, los cuales devienen la huella de lo que aconteció.
  7. - Realizada durante la residencia Telúrica en el pueblo de Angastaco y en Neuquén. Expuesta en la muestra Telúrica en el MAC Salta 2011; en la Sala de Arte de la Obra Social de la Universidad Nacional del Comahue Neuquén, en la muestra Neuquén Contemporáneo Confluencias en la Sala de Arte Osde
    Neuquén curada por Matilde Marín y Ana María Battistozzi.
  8. - Presentada en la muestra El susurroso habitar de las plantas en Espacio de Arte Rayuela, Salta noviembre 2024 y en la Feria de Arte de Salta con la Galería de Arte Diderot 2025 y en 45º Salón Provincial de Artes Visuales de Salta.

Escrito por:

María José Melendo

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