“Astillas”, de Leslie Jamison: la maternidad, el amor, el vacío y lo que queda después
Una reseña de Verónica Bonacchi
“Astillas”, de Leslie Jamison: la maternidad, el amor, el vacío y lo que queda después
Una reseña de Verónica Bonacchi

La escritora estadounidense narra el nacimiento de su hija, un divorcio y el rearmado de una vida con la maternidad como centro de la escena, sin convertirla en redención ni queja. Un libro que continúa la exploración de la autora sobre el deseo, la dependencia, y una pregunta que la martilla: ¿soy lo suficientemente buena? ¿soy suficiente?

En medio de un divorcio, Leslie Jamison llora delante de su abogada, que inmediatamente le alcanza unos pañuelos de papel. Ella hace una cuenta mental: cuál es el costo -en dólares y teniendo en cuenta los honorarios de la profesional- de llorar durante cinco minutos. La escena tiene sabor a ironía, y dice mucho sobre "Astillas" (Anagrama, 2025), el nuevo libro de Jamison, que disecciona no sólo el desmoronamiento de la pareja sino lo que viene después: la crianza en solitario tras las ruinas de una relación, la escritura como única forma posible de ordenar lo que se desordena y las formas -a veces deformes y contradictorias- que toma el amor.

Leslie Jamison, novelista y ensayista, es el centro de esta obra implacable. En el libro, su hija tiene trece meses y su matrimonio ya no funciona. Ha deseado esa hija, ha querido esa familia y, sin embargo, ahora está sola en una casa que alguna vez imaginó ideal y que ahora es todo menos eso. El tono irónico de aquella escena no es el tono de todo el libro. Aquí no hay una mujer que atraviesa una crisis, aprende una lección y sale convertida graciosamente en otra. Tampoco hay una quejosa de las obligaciones de la maternidad. Hay algo más incómodo y más hondo: una mujer que intenta entender qué hacer con los sentimientos contradictorios que la asaltan; qué con el descalabro que implica de cuidar solar una hija; cómo enfrentarse a ese eterno sistema de validación ante colegas, parejas, una hija, su propio padre, y cómo cubrir ese vacío al que inevitablemente se asoma.

No es la primera vez que Jamison disecciona su vida como un cuerpo. Comparada con nombres rutilantes como los de Joan Didion y Susan Sontag, su trabajo combina investigación, pensamiento y experiencia personal en una frontera desdibujada entre otros esos géneros. En "La huella de los días" (Anagrama), reconstruye su alcoholismo y su recuperación mientras investiga también la mitología del escritor alcohólico, la historia de Alcohólicos Anónimos y la industria de la rehabilitación en Estados Unidos. En "El anzuelo del diablo” explora el dolor, el cuerpo y la empatía a partir de experiencias propias y ajenas. Alcohol, sexo, amor, rehabilitación, dolor, escritura: todas parecen formas de acercarse a un abismo, a un vacío que dificilmente se llena.

En “Astillas” hace referencia a “La huella de los días”: en plena vorágine de los primeros meses de su hija, publica un nuevo libro. “Yo solía describirlo como un libro sobre el alcoholismo, aunque, a decir verdad, era sobre el único tema del que siempre he escrito: el gran vacío interior del ser humano, ese espacio que había intentado llenar con alcohol, sexo, amor, rehabilitación y ahora, quizás, con la maternidad”, escribe. Y esto también: “Era un libro sobre la humildad, sobre la rendición del ego. Pero en ese momento mi ego -agotado a las cuatro de la mañana, acariciando con una mano empolvada de Doritos la suave pelusa que cubría el cuero cabelludo de mi hija- quería creer que ese interés podría compensar la desolación y la soledad que sentía en mi propio hogar”.

Una astilla es una parte desprendida de algo que alguna vez estuvo entero, pero también algo pequeño que permanece incrustado y molesta cuando se lo toca. Aquí todo parece convertirse en una astilla.

Jamison escribe desde el momento en que nace su hija, el sinuoso, empinado y ripioso camino que atraviesa hasta un lapso de casi dos años: la separación, la búsqueda de una casa, los libros que publica, los viajes para promocionarlos, los romances nuevos y torpes, la escritura, las amistades. Lo hace, además, desde una estructura fragmentaria: escenas con su madre, una presencia imprescindible y central en su vida (la única, dice, que la quiere incondicionalmente y no la juzga); recuerdos de su relación con su propio padre (la base, parece, de esa necesidad de validación); conversaciones con amigas; lecturas; visitas a exposiciones en museos, episodios domésticos, enamoramientos caprichosos. 

Una astilla es una parte desprendida de algo que alguna vez estuvo entero, pero también algo pequeño que permanece incrustado y molesta cuando se lo toca. Aquí todo parece convertirse en una astilla.

La primera persona de Jamison no construye una versión heroica de sí misma, pero tampoco lastimera. Jamison no está interesada en demostrar que la vida de una madre sola puede ser caótica, aunque hay escenas que reflejan esa sensación: está tratando de averiguar quién es ella ahora que su vida se parece poco a la que había imaginado. C, el exmarido, tampoco aparece como un villano necesario para que la narradora pueda quedar a salvo. De él, escritor como ella, se enamora de un modo arrollador. Se casan en Las Vegas, imaginan un futuro y quieren tener un hijo. Pero él trae una historia dolorosa: perdió a su ex mujer por un cáncer y Jamison sabe que aquello que soñó al principio (cuidarlo, convertirse en su nueva fuente de alegría) se transformó en ruina. 

"Astillas" no convierte una experiencia personal y compleja en una historia de superación. La sospecha de que ninguna forma de amor, ninguna sustancia, ninguna familia, ninguna recuperación y tampoco ninguna escritura consigue tapar del todo el vacío, está ahí, a la vista, diseccionado y repleto de escenas magníficamente contadas. Lo que hace Jamison es contar la convivencia del amor y el fracaso, como si aprendiera a vivir con algunas pequeñas astillas, incrustadas.

Escrito por:

Verónica Bonacchi

> OTRAS MIRADAS

Julieta Busceame

Lo que se perdió en la escuela: rituales invisibles que educaban sin darnos cuenta

Rocco Avena

Rebeldes y confundidos, un estado de ánimo

Rocco Avena

Nunca apartes la mirada, una obra de autor

Natalia Belenguer

Un fin de semana no alcanza