Un puente demasiado lejos, una producción aún más lejana
Una reseña de Rocco Avena
Un puente demasiado lejos, una producción aún más lejana
Una reseña de Rocco Avena

Concretar la Operación Market Garden implicaba llegar a una zona a la que nadie pensaba que sería posible hacerlo, filmar la historia tampoco parecía viable.

La estrategia bélica más importante desde el desembarco en Normandía, la maniobra maestra que acabaría con la Segunda Guerra Mundial, un plan desmedido que estaba destinado a fallar. A Bridge Too Far, la película de 1977, que retrata la Operación Market Garden, el fracaso de las fuerzas aliadas de vencer al nazismo, es una producción tan ambiciosa de la solo podía esperarse el mismo desenlace.

El objetivo era capturar los puentes más importantes de Países Bajos, que estaba ocupada por los alemanes. Para eso se debían cumplir dos operaciones simultáneas: Market, que requería aterrizar de día en territorio enemigo y avanzar cientos de kilómetros por áreas custodiadas; y Garden, que necesitaba tener los puentes ocupados para generar un corredor que les permitiera a las fuerzas aliadas cruzar el Río Rin, la última instancia para ingresar a Alemania. Como si fuera poco, tenían siete días para concretar lo que debería haber llevado meses de preparación. 

Más de treinta años después y con la guerra ya acabada, el legendario productor independiente Joseph E. Levine, salió de su retiro, adquirió los derechos del libro de Cornelius Ryan y apostó 22 millones de dólares de su fortuna (un monto inusual para la época) en una producción que dependía de varios milagros, de operaciones simultáneas que estaban fuera del alcance de cualquier humano.

Levine, famoso por sus agresivas campañas de marketing, no solo quería una producción de una escala nunca antes vista sino que también pretendía que su película fuese rentable antes de llegar a los cines. Una tarea difícil porque el evento era una tragedia para una industria que adora los finales heroicos. Debía comercializar el fracaso y ese era el menor de sus problemas.

El director elegido fue Richard Attenborough, un realizador talentoso que no había logrado ningún éxito de taquilla; y el gran William Goldman, que retrata su experiencia en Las aventuras de un guionista en Hollywood, uno de los mejores libros cinematográficos de la historia, fue seleccionado para escribir la historia.

¿Qué narrar de una historia tan vasta, con tantos personajes dignos de mención, con tantas acciones heroicas? ¿Cómo organizar la historia? Esas eran una de las tantas inquietudes de Goldman, que debía presentar su guion cuanto antes porque el rodaje demandaría seis meses en Países Bajos. Debería estar terminado antes de noviembre de 1975 (no había escrito ni una página hasta el invierno de ese año) y, a más tardar, la filmación tendría que empezar en abril del 76 porque las condiciones climáticas en octubre harían imposible llevar a cabo la producción.

Levine apostó por Goldman y contrató a todo el equipo técnico aún sin un guion terminado para asegurarse su disponibilidad a pesar de que debería pagarles si no había historia que contar. Goldman enfrentaba otros problemas. el elenco estaría lleno de estrellas y las estrellas requieren un tratamiento de personaje especial. A Bridge Too Far cuenta con Sean Connery, Michael Caine, James Caan, Gene Hackman, Anthony Hopkins, Robert Redford, Ryan O'Neal, Laurence Olivier, Dirk Bogarde, Edward Fox, Elliott Gould y Liv Ullmann.

No se puede hacer una película bélica en la que ningún protagonista muera y ninguno de los protagonistas del libro fallece. Por eso Goldman tuvo que concebir personajes pequeños que sean atractivos para las estrellas. Redford, el nombre más fuerte en la época de la producción, recién aparece pasadas las dos horas de metraje. Y Attenborough lo presenta con un primer plano para que nadie se olvide quién es el actor ni su presencia.

El guion llegó a tiempo y fue el primero de varios milagros que permitieron que una producción destinada al fracaso llegara a un puerto demasiado lejos. Fue el verano más seco en un siglo en Países Bajos y no se perdió ni una sola jornada de rodaje por lluvia. Pero nada se acerca a la Hora del Millón de Dólares, el nombre con el que definieron al momento más tenso del rodaje.

La Hora del Millón de Dólares fue entre las ocho y nueve de la mañana del domingo tres de octubre en el Puente de Nijmegen. A Bridge Too Far apostó por recrear la estrategia bélica de la manera más realista posible y eso implicaba filmar en locaciones reales. Pero Nijmegen no es un puente cualquiera, es uno de los más grandes de Europa, el equivalente del Golden State de San Francisco. Cortarlo implicaría la congestión del tráfico en varios países.

Tras negociaciones que duraron un semestre, Levine logró que habilitaran el puente los domingos de ocho a nueve durante varios meses, pero ese tres de octubre tenía una peculiaridad: era el último día de Robert Redford. Cualquier contratiempo que imposibilitara el rodaje, obligaría a esperar una semana. Cada día extra que trabajase, debería ser abonado con un porcentaje extra de su salario.

En un retraso, solo Redford implicaba perder 500 mil dólares. Había 275 trabajadores más ese domingo, que debían ser recompensados con un salario extra, sus comidas, su hospedaje en otro país: la Hora del Millón de dólares. A las seis de la mañana había viento y humedad, una lluvia se avecinaba. Y todo el peso recaía sobre los hombros de Attenborough, que no iba a tener oportunidad de ninguna retoma ni de experimentos, cada plano debía ser filmado con precisión quirúrgica.

Pero la lluvia no llegó y esa producción que había ido demasiado lejos y estaba destinada al fracaso logró ser filmada a tiempo y por menos del presupuesto estimado. Levine estaba tan confiado en lo que tenía, el material crudo era tan impresionante que lo había vendido a distribuidores de todo el mundo por un monto mayor a lo que había invertido.

A Bridge Too Far, un fracaso esperable, se había convertido en una película de la que nadie dudaba que sería un éxito. Y a pesar de sus logros cinematográficos, la reacción de la crítica estadounidense fue indiferente. El deseo de Levine, de Attenborough y de Goldman por retratar la operación de la manera más realista posible, por filmar en locaciones reales, por no darse ninguna concesión histórica para mejorar su relato, fue su mayor problema. Nadie creía que esta historia fuese verdadera.

Los críticos consideraron inverosímil las actitudes del personaje de Dirk Bogarde, que envió soldados británicos, su país, a una zona en la que había sido advertido de la presencia de tropas alemanas. Tampoco creyeron el milagro del Sargento Dohun (James Caan), que logró salvarle la vida a un soldado tras escapar de las líneas alemanas y amenazar a un médico aliado para que salvara a su capitán. Menos que Ryan O’neal, con su rostro juvenil, pudiera interpretar a un general: era demasiado joven. Solo que tenía la misma edad que James Gavin cuando luchó en la operación. Como dice Goldman, fueron demasiado verdaderos para ser reales.

Market Garden fue una operación concebida para llegar más lejos de lo que la guerra permitía. A Bridge Too Far, que puede verse en Prime Video, fue una producción concebida para llegar más lejos de lo que el cine parecía capaz. Una fracasó en el campo de batalla; la otra se concretó gracias a una sucesión de milagros; ambas demostraron que algunas historias verdaderas son demasiado extraordinarias para resultar verosímiles.

Escrito por:

Rocco Avena

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