Todo es a través de la comida
Escrito por Natalia López
 Todo es a través de la comida
Escrito por Natalia López

En Memorias del Oeste, Karina Gao reconstruye la historia de su familia entre China y Argentina. Entre recuerdos heredados, recetas y migraciones, el libro explora aquello que las familias llevan consigo cuando cambian de lugar.

Durante años, Karina Gao contó historias a través de la cocina. Esta vez decidió contar la historia de su familia. Mientras escribía Memorias del Oeste, el libro autobiográfico que acaba de publicar, una imagen regresó una y otra vez: la de su padre atravesando China con una bolsa de pan duro durante tiempos de hambruna. Era el alimento que le permitía seguir adelante en un viaje desde el norte hacia el sur del país. Décadas después, esa escena familiar se convirtió en una de las claves para entender una historia mucho más amplia.

"Todo es a través de la comida", dice. "Desde mi papá, que se fue del norte al sur y pudo sobrevivir gracias a esa bolsa de pan viejo cuando había hambruna en China, hasta mis papás trabajando para poder tener un plato de comida al final del día. Y también yo, que empecé a participar en el proyecto familiar porque era lo que podía aportar. Mi granito de arena era cocinar. De alguna forma eso me lleva hasta hoy y explica mi fascinación por la gastronomía".

La frase ayuda a entender por dónde va el libro. Aunque Gao es conocida por su trabajo gastronómico, por sus emprendimientos y por su presencia en medios y redes sociales, Memorias del Oeste se corre de esa faceta pública para mirar hacia atrás. Más que una autobiografía tradicional, es una reconstrucción familiar. Un intento de comprender los viajes, decisiones y sacrificios que hicieron posible la vida que vino después.

Para escribirlo tuvo que volver sobre sus propios recuerdos, pero también salir a buscar los de otros. "Tuve que preguntar mucho a mis tíos, a mis papás, sobre relatos de mis antepasados. Eso fue muy interesante", cuenta.

La investigación familiar terminó convirtiéndose en una especie de viaje por varias generaciones. Gao reconstruye historias que ocurrieron mucho antes de su nacimiento y descubre que buena parte de su identidad está hecha de relatos heredados. Sin embargo, no se acerca a ese pasado desde la nostalgia ni desde el dolor.

"La verdad es que yo soy una persona que trata de no recordar mucho los dolores. Cuando recuerdo, pienso más en todo lo que pude superar. Pienso en la superación y no tanto en el dolor que me provocó en ese momento. Hoy escribí el libro desde un lugar más conciliatorio porque ya pude curar ese dolor. Ya me pude conciliar con ese pasado".

Las distintas etapas de la migración

En ese recorrido aparece inevitablemente la migración. Gao llegó a la Argentina cuando tenía nueve años y recuerda el impacto de encontrarse con una cultura completamente distinta. Con el tiempo, aprendió a mirar esa experiencia con cierta distancia y hasta a reconocer patrones que más tarde volvería a vivir cuando se instaló en Francia.

"Hay distintas etapas. Primero está el enamoramiento, cuando llegás a un lugar y te encanta todo. Después viene el rechazo, cuando sentís que no pertenecés, que todo es distinto a lo que viviste. Después llega el momento en que uno está dispuesto a abrirse a esa nueva cultura y finalmente aparece una etapa en la que uno se siente identificado tanto de acá como de allá".

La descripción resuena más allá de su historia personal. También habla de tantas familias que construyeron su vida lejos del lugar donde nacieron. En la Patagonia, donde buena parte de las identidades familiares comenzaron con un viaje, esa sensación de habitar más de un mundo al mismo tiempo forma parte de muchas biografías.

La cocina ocupa un lugar central en ese proceso. No solamente porque terminó convirtiéndose en su profesión, sino porque fue una herramienta para mantener vivos ciertos vínculos.

"Mis papás trabajaban todo el día y yo ayudaba cocinando. Y creo que también impactó mucho en mi vida porque desde chica pude acceder a gustos muy variados. Eso hoy me ayuda profesionalmente a pensar platos con sabores distintos".

Por eso las recetas que aparecen al final de Memorias del Oeste tienen un valor que va mucho más allá de lo gastronómico. "Había muchas más, pero elegimos las más representativas. Son recetas importantes en distintos momentos de la vida".

Las recetas funcionan como recuerdos. Como una forma de transmitir algo que a veces resulta difícil de explicar con palabras. La historia familiar, la experiencia migratoria y la construcción de una identidad terminan encontrándose alrededor de una mesa.

Elogio del fracaso

Pero el libro también ayuda a entender cómo se fue construyendo la Karina adulta. La emprendedora, la comunicadora y la mujer que hoy se prepara para emprender una vuelta al mundo junto a su familia. Y en ese punto aparece otra idea que atraviesa buena parte de su recorrido: la relación con el error.

"Yo siempre digo que soy una fracasada serial para poder llegar al día de hoy", afirma entre risas. "Por suerte pude aprender un montón de cosas de todos los errores. Uno es hoy gracias a todo lo que aprendió de los fracasos y de los errores del pasado".

La reflexión surge cuando habla del emprendedurismo, una palabra que suele aparecer rodeada de discursos inspiracionales y fórmulas para alcanzar el éxito. Gao prefiere correrse de esa mirada.

"No me gusta que se romantice. A mí me dio muchísimo y fue una de las mejores decisiones que pude tomar para mi carrera profesional, pero es un camino duro. Es un estilo de vida que tenés que elegir todos los días porque constantemente aparecen desafíos, problemas y situaciones que hay que resolver. No es romantizarlo. Es mostrarlo tal como es. Y aun así, por más que sea así, a mí me encanta y lo sigo eligiendo".

Tal vez esa forma de mirar el pasado, sin idealizarlo, pero también sin renegar de él, sea uno de los rasgos más interesantes de Memorias del Oeste. El libro no busca construir una épica personal ni ofrecer lecciones de vida. Más bien intenta entender cómo se arma una identidad cuando las raíces están repartidas entre distintos lugares, distintas lenguas y distintas generaciones.

Mientras reconstruye la historia de su familia, Gao descubre que pertenecer no significa elegir entre un mundo y otro. Significa aprender a convivir con todos ellos.

Y en ese camino, la comida aparece una vez más como una forma de memoria. Como un puente entre quienes se fueron, quienes llegaron y quienes siguen escribiendo la historia. Porque algunas familias conservan su pasado en fotografías, otras en cartas o documentos. La familia de Karina Gao también lo guarda en recetas, sabores y relatos que siguen viajando de una generación a otra.


Entre oriente y occidente

Karina Gao nació en Fuzhou, China, en 1984, y llegó a la Argentina junto a su familia en 1993, cuando tenía 9 años. Aquella experiencia migratoria marcaría buena parte de su vida y, décadas más tarde, se convertiría en el corazón de Memorias del Oeste, su primer libro autobiográfico.

Es licenciada en Economía Empresarial por la Universidad Torcuato Di Tella y realizó un Máster en Management en HEC Paris. Antes de dedicarse de lleno a la gastronomía desarrolló parte de su carrera profesional en el mundo corporativo, pero con el tiempo encontró en la cocina una forma de conectar su historia familiar con su vocación.

Es autora de varios libros gastronómicos, creadora de la comunidad digital Mon Petit Glouton y una de las principales divulgadoras de la cocina china en Argentina. Su trayectoria combina gastronomía, comunicación y emprendedurismo.

En 2021 alcanzó una enorme repercusión pública tras atravesar un cuadro crítico de COVID-19 durante el embarazo de su tercer hijo. La experiencia, según ha contado en numerosas entrevistas, modificó profundamente su mirada sobre el trabajo, el tiempo y la vida familiar.

Es madre de tres hijos y está casada con el emprendedor francés Dominique Croce. Este año publicó Memorias del Oeste (La Crujía), un libro en el que reconstruye la historia de varias generaciones de su familia y explora el papel de la comida como vehículo de memoria, identidad y pertenencia.

También este año decidió emprender una nueva aventura: una vuelta al mundo junto a su familia. El viaje, que compartirá a través de distintos formatos, aparece como una continuación natural de las preguntas que atraviesan su libro: qué significa pertenecer, qué se hereda de una generación a otra y qué historias siguen viajando con nosotros cuando cambiamos de lugar.

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Natalia Lopez

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