En el escenario, en cualquier escenario, Elton John es una figura imposible de separar de su propia imagen. No es solo la música -aunque esté hecha de clásicos que atraviesan generaciones- sino un cuerpo de brillo, color y teatralidad que es, también, un relato que atraviesa el tiempo. En la propuesta de Fundación Cultural Patagonia, ese relato y ese homenaje, titulado simplemente “Elton John”, comenzó antes de la primera nota, cuando empezó a cocinarse el show -como el que se vio a fines de mayo en Roca y también en Cipolletti- y se trasladó también a la pantalla, la luz y a las decisiones invisibles que construyeron la atmósfera del espectáculo.
En esa trastienda, Pilar Rey, junto a Gisela Pincheira y Sebastián Delmastro, integraron el equipo de audiovisuales que, bajo la dirección de Tato Cayón, tradujeron todo el universo a un lenguaje visual. “El director propuso una idea puntual en torno a cómo hacer la puesta general”, explica Pilar Rey. En esa idea inicial ya estaba planteado el eje: no hacer simplemente un concierto de versiones, sino construir una figura. Entonces, Elton John no solo como un repertorio, sino como una presencia que se instalara en el escenario, como si estuviera allí, con sus anteojos, sus sacos, sus colores y todo lo que lo rodea.

Como ocurre con las figuras de esa magnitud, esa presencia es múltiple. “Es una figura que se puede asociar no solamente con generaciones más grandes, sino también con millennials”, dice Pilar, y menciona algo clave: el vínculo de Elton con el cine, y con la música, todos ingredientes que se vuelven imagen y memoria compartida. En ese cruce apareció una de las primeras decisiones del equipo: sostener el protagonismo de la figura, pero expandirla hacia todo lo que simboliza.
Si en “Rocketman” -la biopic que funcionó como una de las referencias del espectáculo de FCP- Elton se desarma y vuelve a armarse a través de escenas cargadas de fantasía, coreografía y montaje, aquí esa lógica se filtró en las visuales. Pilar recuerda un video que les compartió Tato Cayón: un montaje de la película, editado con un ritmo y un tratamiento cercano a lo que el equipo terminaría construyendo. A partir de ahí, cada decisión fue afianzando la identidad que se vio después en escena. “Cuando estuvo todo definido, tanto el repertorio como el orden de los temas, nos dividimos el trabajo de acuerdo a lo que Tato quería resaltar en cada uno. Por ejemplo, en tal tema quería que se contara la historia de lo que narraba la canción; en otro, que hubiera más color, y así, para que cada uno tuviera su propuesta particular”, cuenta Pilar sobre el backstage.

Una de esas decisiones fue técnica, pero también estética: todo debía ser 2D. “No íbamos a utilizar 3D, incluso el brillo, el glitter, todo iba a trabajarse desde el 2D”, cuenta. Seba estuvo a cargo de la selección de visuales, y ella junto a Gise de la animación de motion graphics. El resultado fue la construcción de una profundidad en el relato: desde la superficie, desde el color, desde la textura y las luces.
Y ahí apareció otro eje: el color como identidad. No solo por la extravagancia característica del músico inglés, sino por el universo simbólico que lo rodea. “Queríamos que fuera muy colorido, no solamente porque Elton es muy colorido y brillante, sino también porque denota una cuestión de todo lo que es la comunidad LGBT”, señala Pilar. El espectáculo, entonces, no fue solo una cita estética, sino que dialogó con una historia cultural y política.
Así, la pantalla se volvió un segundo escenario donde cada pieza desplegó su propio mundo. En “Sacrifice”, por ejemplo, la emoción se trabajó desde la nostalgia. “El tema habla sobre el matrimonio, la ruptura, cuestiones de duelo, pero nos pareció que puntualmente evocaba mucho una época. Entonces lo que hicimos fue utilizar imágenes muy simples, de ciudades, pero con la idea de que remitieran a otro tiempo. Son imágenes que van desde los 60 hasta la actualidad, de todos lados del mundo, aunque, por supuesto, haciendo hincapié en Londres”, dice Pilar.
Todo el repertorio estuvo formado por clásicos que el público conoce y que ya llegan cargados de recuerdos. “La idea era evocar esa emoción, pero también la época y la figura”, dice Pilar.
No hubo exceso de recursos, sino una búsqueda de clima, de una época que se filtró en la imagen tanto como en la música. “En esas ediciones hay una narrativa específica. Se seleccionaron algunos temas del repertorio para hacer ese tipo de trabajo, con edición de imagen, fotos y video. Y, por otro lado, como Elton tiene una carrera tan larga, también había que denotar eso. Entonces, por ejemplo, en “I'm Still Standing” usamos imágenes con registros de movilizaciones y escenas de la cultura ballroom, tomadas de referencias de películas como Paris Is Burning, el documental de 1990 dirigido por Jennie Livingston, que retrata los bailes drag en Nueva York”.
En contraste, en “Can You Feel the Love Tonight” -la canción central de “El Rey León”- el abordaje fue otro. La referencia cinematográfica se asumió de manera directa, pero reinterpretada: “Era importante darle lugar a esa pieza fundamental de la carrera de Elton que tiene que ver con la musicalización de películas. Ahí se trabajó con una reinterpretación de la imagen de ‘El Rey León’, hecha con motion graphics, y aparece una pequeña figura de Elton con el piano. Es muy simple, pero evoca claramente la película, la época y, entre quienes la vieron, también el sentimiento que generaba”.
Esa capacidad de expandir el sentido de las canciones fue uno de los logros más notables del trabajo audiovisual. Porque el desafío no era menor: todo el repertorio estuvo formado por clásicos que el público conoce y que ya llegan cargados de recuerdos. “La idea era evocar esa emoción, pero también la época y la figura”, dice Pilar.

En esa construcción también hubo una conciencia del ritmo. Elton John es, en gran parte, balada. Pero también es energía, teatralidad, exceso. El espectáculo se organizó en secciones donde las visuales acompañaron esa dinámica: momentos más calmos, con imágenes más contenidas, y otros donde el color y la intensidad explotaban. “Tiene que haber descansos”, explica, entendiendo que lo visual también respira.
Todo esto, además, dialogó con un diseño de iluminación que Tato integró en una concepción total. Aunque el equipo audiovisual no trabajó directamente sobre las luces, la articulación estuvo pensada desde el inicio. Pantalla, iluminación y escenario funcionaron como una única superficie narrativa.
En escena, la música de Rock FCP y los cantantes -Pablo Aristimuño en el rol de John, Natalia Joubert, Alfonsina Magariño, Marcela Caldironi- junto a Nahuel Salazar en el piano, encontraron el sostén en ese trabajo silencioso de quienes pensaron en imágenes y permitieron que Elton John, ese cuerpo múltiple hecho de canciones e historia, volviera a aparecer.




