La película se llama Volver, como el tango de Gardel, y la protagonista tiene miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con su vida. Solo que aquí se canta como si fuese un flamenco y el tema de la canción, que es profundamente argentino, se funde perfecto en un ámbito propio de la región española de La Mancha, el lugar cuyo nombre no quiso acordarse Cervantes.
Volver (2006) es una de las grandes películas sobre la maternidad de Pedro Almodóvar. Las tradiciones españolas son puestas bajo la lupa en la mirada de un director que, en sus propias palabras, retrata su cultura de manera real. Es el universo de su infancia pero el director se lo apropia, lo estiliza con todas las marcas que distinguen a su cine, con el sello que lo vuelve inconfundible.

El pueblo de La Mancha en que transcurre una parte de la historia es seco y ventoso como varias localidades patagónicas. Pero el paisaje no es desolador; Almodóvar lo llena de colores llamativos, lo enciende con rojos chillones, con pasteles. El restaurante que hereda Raimunda, la protagonista, es un oasis en el desierto. Es, también, la posibilidad de cambiar su vida y la de varias mujeres del pueblo.
La figura de la madre es esencial en el cine de Pedro Almodóvar. En ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984), Carmen Maura interpreta una madre invisibilizada, en crisis, aplastada por una vida doméstica que la consume. En Todo sobre mi madre (1999), es un rol que va mucho más allá de lo biológico, en el que la solidaridad entre las mujeres sostiene la trama. En Madres Paralelas (2021), está ligada a la memoria histórica.
Volver es una película femenina, de madres de distintas generaciones, de madres simbólicas que suplen la función de madres que ya no están. Es una película en la que lo masculino está desplazado, en la que los conflictos de las mujeres están atravesados por las acciones de los hombres, por su ausencia.
En Volver hay un poco de cada una. Pero, a diferencia de las anteriores, a esta es muy difícil asignarle un género. Por momentos es una comedia de un director que está en estado de melancolía, que no llega al desacato de Mujeres al borde de un ataque de nervios. Por otros, un melodrama de un autor que necesita cortar la tristeza de sus personajes con situaciones hilarantes en las que hasta el olor a pedo permite descifrar un secreto.
La protagonista es Raimunda, interpretada por Penélope Cruz, la Chica Almodóvar del Siglo XXI. El realizador elige a Carmen Maura, la Chica Almodóvar de los ochenta, para el personaje que vuelve. Es un retorno a la colaboración entre ambos veinte años después, como en el tango de Gardel.

Raimunda es madre de una adolescente por la que está dispuesta a hacer lo imposible. También es hermana de una peluquera que esconde un secreto a voces. Ellas, junto a su vecina Agustina, son el centro de una historia marcada por la soledad, el viento y el fuego que atraviesa a tres generaciones de mujeres. Son personajes con pasados que las remuerden.
Volver es una película femenina, de madres de distintas generaciones, de madres simbólicas que suplen la función de madres que ya no están. Es una película en la que lo masculino está desplazado, en la que los conflictos de las mujeres están atravesados por las acciones de los hombres, por su ausencia.
Almodóvar lo deja en claro en la primera escena: presenta un pueblo en el que las mujeres viven más que los hombres; en el que los encuentros que en muchos lugares ocurrirían en una iglesia aquí se trasladan a un cementerio al que ellas van a limpiar el ataúd en el que descansarán sus restos cuando fallezcan. Son tradiciones, se explica. Una manera distinta de confrontar la muerte.
Los hombres apenas tienen diálogos. Los que apuntan a convertirse en intereses románticos de Raimunda, porque hay pequeñas sugerencias que permiten intuirlo, desaparecen de la historia. No importan, se esfuman.

Las mujeres, en cambio, adquieren protagonismo. Raimunda se apodera de un restaurante cerrado que debe ser vendido y lo convierte en un centro que reúne a varias vecinas, personajes que tienen problemas en sus vidas y que encuentran otro camino a través de la solidaridad. Son ellas las que proveen los productos; son ellas las que preparan los tragos.
En una escena en el restaurante, Raimunda entona una versión flamenca del tango de Gardel. Es distinta e íntima, pero no es casual. Es la interpretación que le enseñó su madre, la que su hija nunca escuchó. Como la misma canción, la protagonista vive con el alma aferrada a un recuerdo que llora otra vez. Es un punto de quiebre en el personaje, el puente entre tres generaciones de mujeres.
En Volver, como en otras películas de su filmografía, la maternidad no es solo familiar. Son las mujeres que encuentran una manera de sostenerse entre sí, que descubren que hay pasados que regresan. En Volver, como en la canción, los recuerdos duelen. Y los vínculos son los que permiten confrontarlos.




