Atrápame si puedes, un adolescente de por vida
Una reseña de Rocco Avena
Atrápame si puedes, un adolescente de por vida
Una reseña de Rocco Avena

Steven Spielberg narra la historia de un joven que fingió ser piloto de avión, médico y abogado antes de cumplir 19 años, sin siquiera haber terminado el secundario.

Para Frank William Abagnale Jr., el protagonista de “Atrápame si puedes”, interpretado por Leonardo Di Caprio, el mundo es un juego. De niño añoraba ser adulto y de adulto añora ser un niño. Para Frank William Abagnale Jr., la persona que escribió la autobiografía que inspiró la película, la vida (y la literatura) también es un juego pero en el que el engaño es la única forma de ganar.

“Atrápame si puedes” (Catch me if you can, disponible en Paramount plus), relata la historia de Frank, un adolescente de 16 años que escapa de su casa y consigue robar más de 4 millones de dólares falsificando cheques antes de cumplir 19. En el medio fue piloto de avión, médico y abogado. Tom Hanks interpreta a Carl Hanratty, el agente del FBI que se obsesiona por atraparlo en un juego del gato y el ratón. Se convierte, también y sin quererlo, en su figura paterna.

Frank nunca fue como los chicos de su edad. A los 16, reemplazó a la profesora suplente de francés y dictó clases durante una semana para sus nuevos compañeros de escuela. A la misma edad, escapó de su casa porque no quería elegir entre su padre y su madre, una separación que nunca terminó de procesar.

El trauma lo une con el mismo Spielberg, un secreto a voces que dejó de serlo cuando el realizador estrenó “The Fabelmans”, en 2022, una película semiautobiográfica en la que enseña los efectos que tuvo en su vida la separación de sus padres. El episodio es un tema recurrente en su filmografía, pero aquí hay un plano en el que imagina cómo filmaría su divorcio. El director sabe sus similitudes y no duda en disfrazarlo de James Bond, la saga que siempre soñó dirigir y en la que fue rechazado por los productores aún después de haber realizado “Tiburón”.

Spielberg nunca intenta desarmar la fantasía de la autobiografía, abraza la lógica del engaño y el juego pero detrás de estos, aún en la comedia, hay un sentimiento de tristeza que impregna a sus dos protagonistas.

Carl Hanratty es un padre divorciado que apenas tiene contacto con su hija, un hombre que vive por y para su trabajo. Es un agente que trabaja durante navidad para que sus compañeros puedan disfrutar de una cena con su familia, pero ese compromiso esconde una profunda soledad. La misma que sufre Frank. Las llamadas durante las vísperas de Nochebuena se convierten en una tradición que los conecta durante los distintos años que transita la película.

A Spielberg no le interesa que le cuestionen el verosímil -”esa es la peor clase de espectadores”, como dice su maestro Alfred Hitchcock-, ni tampoco que la autobiografía haya exagerado sus hazañas. Lo demuestra desde la secuencia de títulos iniciales en la que instala el tono lúdico que tendrá toda la película, que se tomará la verdadera historia de Frank Abagnale Jr. con la misma ligereza con la que los personajes se mueven por el universo. Spielberg nunca intenta desarmar la fantasía de la autobiografía, abraza la lógica del engaño y el juego pero detrás de estos, aún en la comedia, hay un sentimiento de tristeza que impregna a sus dos protagonistas.

Es que el corazón de la historia no son las artimañas que Frank ideó para escapar durante años de la policía, por más creativas que hayan sido. El corazón está en el crecimiento de un adolescente con alma de niño queriendo ser adulto, en el joven que despilfarra el dinero porque no le interesa aumentar su capital sino aparentar ser una persona mayor. Por eso su secreto mejor guardado es que aprobó el examen de Lousiana estudiando de verdad: esa es la decisión madura.

Pero antes debe atravesar un proceso que es divertido en su ascenso y devastador en su caída. Frank es un personaje tan ambicioso que deseaba la luna, como admite en broma con su padre, y se convirtió en piloto para viajar por el cielo. Y la película acompaña su sueño. La primera mitad es luminosa. Janusz Kaminski, el director de fotografía de Spielberg desde que colaboraron por primera vez en “La lista de Schindler” -que se caracteriza por sus destellos de lente-, trabaja con más brillos que nunca, con halos que se filtran por cada ventana, con un sol dorado que ilumina a un protagonista radiante. Es la imagen del Sueño Americano.

Los movimientos de cámara están al servicio del tono de la película y no del realismo. Basta con ver el plano secuencia con el que los policías comandados por Tom Hanks se introducen en la casa de Frank en Georgia. Sus pistolas, enfiladas en pose cómica, deciden hacia dónde va la toma. Spielberg repite un método similar en cada allanamiento.

Nunca, las películas de Steven tuvieron tantas canciones y mucho menos con el uso dramático que emplea. Come Fly With Me, de Frank Sinatra, o The Girl from Ipanema son utilizadas como contrapunto cómico. Incluso John Williams compone su banda sonora con más elementos de jazz, con melodías que acompañan el tono de los movimientos de cámara, de los caricaturescos pasos de Tom Hanks y sus compañeros. Todo está al servicio de la fantasía.

Pero como en toda trama de ascenso y caída, la luz cede ante la oscuridad. Las canciones desaparecen; los brillos se transforman en colores fríos; el día, en la noche. Hasta el final en que Spielberg, como realizador humanista que es (muchas veces acusado de ser un optimista excesivo, aunque desde “A.I Artificial Intelligence” hasta “Munich”, etapa que comprende “Atrápame si puedes”, está en su período más pesimista), le permite tener una segunda oportunidad. 

Llegó el momento de crecer. Frank sabe que no puede seguir escapando, que dejar de ser un niño implica asumir responsabilidades. Y para eso necesita abandonar el mundo de mentiras que aprendió de su padre para ingresar al mundo de verdad en el que Carl lo espera con las puertas abiertas. El traje de piloto ya no le cabe. Admitir que aprobó el examen estatal de Louisiana estudiando sin hacer trampa es el primer paso para abandonar el disfraz.

Escrito por:

Rocco Avena

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