Hacks: la amistad que ningún algoritmo habría imaginado
Una reseña sobre la amistad
Hacks: la amistad que ningún algoritmo habría imaginado
Una reseña sobre la amistad

La multipremiada serie protagonizada por Jean Smart y Hannah Einbinder va mucho más allá del choque generacional. En tiempos de segmentación y burbujas de afinidad, es una muestra de que también las diferencias pueden ser el comienzo de una amistad.

Hace algunos días, un artículo del New York Times resaltaba las ventajas de la amistad intergeneracional. Lo planteaba como una de esas recetas que se repiten en la actualidad para asegurarse una vida plena, saludable. El ejemplo de que la cosa puede funcionar era una serie, “Hacks”, que efectivamente cuenta, en cinco temporadas, todas buenas, la tan conflictiva como entrañable relación entre dos mujeres separadas por más de cuarenta años de edad. Ahí están, como muestra ficticia de algo que ojalá sea cierto (y no otra de esas recetas mágicas que terminan pareciendo obligaciones, como tomar 3 litros de agua diarios, hacer mil pasos, preparar un detox verde, madrugar a las 5 de la mañana y un larguísimo e impracticable etcétera). Ahí están, entonces, Déborah Vance, una legendaria comediante de Las Vegas de más de 70 años, y Ava Daniels, una joven guionista pasando apenas los 25. .

Creada por Lucia Aniello, Paul W. Downs y Jen Statsky, la serie se estrenó el 13 de mayo de 2021 en HBO Max. La trama comienza cuando Déborahh Vance, una estrella del stand up que teme perder relevancia, debe renovar su material humorístico. Para lograrlo, su representante le asigna a Ava Daniels, una joven escritora bisexual y woke, que sufre una cancelación por tuitear un chiste sexual sobre un senador. Primero, gana la mirada de Ava, que ve a la vieja humorista como un esperpento kitsch y ridículo que alterna su show en Las Vegas, nada menos, con todas sus luces, y sus animal prints a toda hora, con publicidades bastantes parecidas al Llame ya!

Entonces, lo que en principio parece una relación laboral destinada al fracaso evoluciona hacia algo mucho más profundo. Ambas descubren que tienen mucho más en común de lo que imaginaban: una ambición feroz, unas heridas emocionales difíciles de superar y una necesidad constante de demostrar su valor en industrias dominadas durante décadas por hombres.Y ahí es donde la serie, que ya es muy buena, se vuelve extraordinaria: no hay nada que, en teoría, una a esas dos mujeres. Ningún algoritmo las habría puesto una frente a la otra. Y sin embargo ahí están, Deborah y Ava, tan distintas, con opiniones opuestas sobre casi todo, queriéndose y necesitándose.

Ahora que la vida parece reglada por los pasos lógicos del algoritmo, que clasifica personas según edad, ideología, identidad, profesión o consumo cultural, la historia parece mostrar que los vínculos humanos son más caóticos y complejos.

Las diferencias: Déborah es un derroche andando, despilfarra sus millones en marcas carísimas, sin la menor conciencia; usa plásticos, consume gaseosas como si fueran agua; no cree que el humor ofenda a nadie; apuesta por la belleza y los cuerpos hegemónicos. Ava, todo lo contrario, se viste en lugares de segunda mano, cuida el medioambiente, cree que el lujo es vulgaridad y que el humor efectivamente, mal usado, puede ser una fuente de daño. Una aprendió a sobrevivir en una época en la que las mujeres tenían que pelear por cada espacio profesional. La otra creció en un universo atravesado por internet, la cultura de la corrección política y nuevas formas de entender la identidad.

La serie acumula situaciones hilarantes, pero “Hacks” es mucho más que una píldora de humor para pasar el día: en medio de esos dardos que parecen dispararse entre boomers y la generación Z; la serie habla del envejecimiento femenino en una industria obsesionada con la juventud, de los desafíos de las mujeres en el mundo del espectáculo, del precio de la fama y de las complejidades de las relaciones, amistad incluída. 

Déborahh Vance, interpretada por la increíble Jean Smart, una actriz de larguísima trayectoria que encontró en este personaje el papel más celebrado de su carrera, es brillante, mordaz, elegante y despiadada cuando es necesario.Frente a ella aparece Hannah Einbinder en el papel de Ava Daniels. La actriz construye un personaje que combina inseguridad, talento y una mirada moderna sobre el humor y las relaciones humanas. Ava no sólo funciona como contrapunto generacional de Déborah; también actúa como una especie de espejo que obliga a la veterana humorista a cuestionarse y reinventarse. 

El título “Hacks” alude a esos artistas que, según la jerga del espectáculo, sobreviven gracias al oficio y la repetición de fórmulas probadas. La ironía de la serie es que Déborahh Vance lucha precisamente contra ese destino: evitar convertirse en una reliquia de sí misma.

Uno de los grandes aciertos de la serie es evitar el camino fácil. No presenta una amistad instantánea ni sentimental. Por el contrario, Déborah y Ava pasan buena parte de la historia discutiendo. La primera considera que la joven es inmadura y arrogante. La segunda cree que su jefa está atrapada en costumbres y valores de otra época. Esa tensión es el motor de la serie. Pero también es la prueba de su tesis central: el afecto auténtico no surge necesariamente entre quienes piensan igual, sino entre quienes están dispuestos a desafiarse.  

En el fondo, “Hacks” es una serie sobre vínculos improbables. Lo mismo ocurre con los personajes secundarios. Jimmy, el representante meticuloso y permanentemente estresado, y Kayla, su asistente caótica, extravagante e impredecible, forman otra de las parejas imposibles de la serie. Cualquier análisis racional sugeriría que están destinados al fracaso profesional; sin embargo, terminan construyendo una de las relaciones más leales y conmovedoras de la historia.

Quizás allí resida el secreto de “Hacks”. Ahora que la vida parece reglada por los pasos lógicos del algoritmo, que clasifica personas según edad, ideología, identidad, profesión o consumo cultural, la historia parece mostrar que los vínculos humanos son más caóticos y complejos. Déborah y Ava definitivamente no se eligen porque se parezcan, pero se vuelven indispensables porque se desafían. Y esto no es sólo una muestra ficticia de lo buena que puede resultar la amistad entre generaciones distintas, sino una manera de entender que lo imprevisible o la capacidad de aceptar las diferencias puede ser el comienzo de una larga amistad. 

Escrito por:

Verónica Bonacchi

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